20 de octubre de 2013

Si tiemblas, fallas.

Cae la noche en Niza.

Es de esas tardes en las que la temperatura ha cambiado de repente y lo que ha sido un bochornoso día de otoño se ha convertido en una fría y húmeda noche de Octubre. Como el viento que cambia de repente y lo que estaba siendo una travesía agradable se convierte en la peor de las tormentas. O quizá, no sea para tanto. Es momento de reposar un poco la cabeza, en este domingo que cierra una semana mentalmente agotadora.

Me he acordado de cuando mi padre me enseñó a jugar al tenis, había dos frases que repetía constantemente: “Mira bien la pelota” (pon atención en lo que haces) y “Coge fuerte la raqueta” (confía en tí mismo). Cuando jugamos al tenis, tan pronto un golpe sale a la perfección, como al siguiente raquetazo hacemos “n’importe quoi” y la pelota termina allá por el Quinto Pino. El caso es que hoy me he acordado de la frase de “Coger fuerte la raqueta”.

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Al practicar un deporte hay una serie de ejercicios que se repiten, como al dedicarse a cualquier disciplina. Primero se aprende lo que hay que hacer por partes, luego se tiene una visión de conjunto, y después se comienzan a emplear los conceptos aprendidos. El tenis es así: consiste en “mirar bien la pelota” y repetir, repetir, repetir los movimientos hasta la saciedad. Hasta que se coge la mecánica y luego pueden empezar a ejecutarse los golpes con más o menos solvencia. Como todo lo que nos han enseñado en la vida para el día a día…

La pelota del adversario se acerca, comienzo a desplazarme y algo se desata en mi interior; el reflejo de buscar el bote y desplazarme automáticamente unos metros por detrás de ese punto; buscar el mejor momento para golpear la pelota, analizando la velocidad, la altura, si hay viento, todo en apenas unas décimas de segundo. Y todo ello no sólo en el tenis sino también en el día a día, buscando la mejor manera de hacer las cosas, anticiparme, resolver problemas. En el momento de golpear la pelota debo estar seguro de que sé hacerlo lo suficientemente bien para coger la raqueta lo bastante fuerte como para golpearla bien.

Pero a veces, muchas veces, fallo. Supongo que es normal. Y no es un fallo de ejecución, no. Es un fallo por “no coger fuerte la raqueta”. Por no creer en lo que hago lo suficiente como para que su ejecución sea tan perfecta como mi entrenamiento es capaz de lograr. Hay ocasiones en que veo la pelota venir, comienza el proceso de análisis y en el momento más importante la muñeca se vuelve blanda. En el momento en el que más seguro he de estar, mi mano no está segura de que vaya a funcionar. Y la pelota cae en ninguna parte…

Se acerca una pelota de esas que exige concentración y relajación suficiente para acordarme de coger fuerte la raqueta en el momento más importante. ¿Seré capaz?

12 de octubre de 2013

Un día tal que el 12 de Octubre

Ayer estuve actualizando el libro de consignas de la recepción, añadiendo los días del calendario que faltaban (es lo que tiene trabajar con un cuaderno normal en vez de con una agenda). Y así me tocó añadir 10 de Octubre, 11 de Octubre, y 12 de Octubre… bajo el cual no pude resistirme a escribir “Día de la Hispanidad” (añadiendo una pequeña exclamación amistosa para que el respetable francés no me considere un invasor hostil…)

Hoy es día 12 de Octubre, el día del Desfile por Madrid, el Día de la Hispanidad, que algunos en su momento gustaron en llamar de otra forma bastante más rocambolesca. Es la tercera vez que paso este Día fuera de España, y no sé si al resto (que somos unos cuantos) de los que se encuentran más allá de la Península les resulta tan extraño como a mí.

Los patriotas y el mérito de quedarse

Deshilando la madeja de este pensamiento, encontré una reflexión que circula por mi cabeza desde que hace un año, nueve meses y once días un Iberia se posó de nuevo en el aeropuerto Nice Côte d’Azur. Muchas veces, en el trabajo, tomando algo… .me preguntan si estoy aquí en Francia por la crisis. En ese momento respondo con normalidad que yo no me vine aquí por la crisis. Que yo elegí la profesión que me gustaba y que estoy aquí para descubrir y tener la oportunidad de trabajar en el extranjero. Y ese matiz me parece importante porque, aunque sí es cierto que si la situación no fuera tan grave me estaría planteando volver más seriamente… Eso, en realidad, no lo sé. El contexto es el que es y evaluar un escenario en el que todas las variables serían distintas es un análisis que no tengo ganas de hacer.

En cambio, hay otros que se van o que se han ido porque no les ha quedado más remedio. Porque han visto que todas las puertas estaban cerradas. Hay otros españoles a los que España les ha dicho que no había sitio para ellos. Ese caso es distinto... y es muy triste.

Y por último, sé (y ustedes también lo saben igual que yo) que hay quienes están tratando de quedarse por encima de todo y contra todos. Sean cuales sean los intereses que les muevan para quedarse, hay unas cuantas personas que no desean marcharse y que así lo muestran. Y eso, en mi opinión, tiene un enorme mérito.

Creo que esos, los que se quedan, son bastante más patriotas que los que hemos decidido probar la “droga” de vivir en el extranjero… bastante más patriotas que los que decidimos abandonar el barco y a quienes se quedaron a las duras y a las maduras. Tal vez no estén absolutamente de acuerdo en que los que se quedan son más patriotas que los que se van, pero reconózcanme al menos que tienen más mérito.

El patriotismo y los franceses

Me toca ir terminando la reflexión de hoy. He visto en las noticias que se ha llamado nazis a los políticos que han manifestado su voluntad de participar en las concentraciones que buscan defender, precisamente, el hecho de ser español, contra quienes… ya saben. A veces, desde la distancia, abro el periódico y pienso “qué bien que todo sigue igual que estaba hace casi dos años”. Los mismos tipos de insultos, las mismas discusiones inútiles de siempre.

Hay una cosa que admiro del país en el que estoy: con sus clichés de frialdad y pretenciosidad, valoro mucho la capacidad que tienen para considerar que las cosas importantes, ya saben, las materias de Estado, hay que resolverlas “juntos”. Es hora para Francia de pensar medidas que ayuden a esquivar definitivamente el bache por el que su economía está pasando de un tiempo a esta parte. En este momento, Francia no se plantea su modelo territorial, ni su modelo educativo, ni su modelo de transportes… por citar tres un poco a la carrera y sin pensar demasiado. Tomarán decisiones fiscales más o menos acertadas, elaborarán planes que tendrán más o menos éxito… pero lo harán juntos y cuando todo pase podrán decir que, a pesar de todo, lo intentaron.

Hoy, en este 12 de Octubre, me pregunto ¿en qué punto estamos nosotros al respecto? No me vengan con la excusa de la madurez de la democracia francesa:  no es más maduro quien puede sino quien quiere, y a veces no es una simple cuestión de edad.

“Cuando estoy en tierra extraña y contemplo tus colores…”

Tres años después de vivir mi primer 12 de Octubre de 2013, ocupo el estatus de Expatriado. Mis impuestos, producto de mi trabajo, se quedan en Francia. Y mientras cae la noche en Niza, me pregunto si algún día todos los que se han ido sin querer marcharse podrán volver…

7 de octubre de 2013

Reescribiendo sobre baloncesto… o sobre otras cosas. De Suecia 2003 a Eslovenia 2013.

Van Morrison–Dweller on the threshold. “Let me pierce the realm of glamour, so I know just what I am”

junior de oro

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Escribo estas líneas cuando ya han pasado algo más de dos semanas desde que terminara el último Eurobasket. Y lo hago reconociendo que, al contrario de lo que he hecho cuando se han celebrado otros torneos internacionales de baloncesto, he leído muy pocos artículos al respecto. Si tuviera que quedarme con uno, que sirviera además de introducción para la particular historia que contaré más abajo, elegiría el análisis que José Díaz Tenorio escribió en Tirando a Fallar: “del 4 al 15”.

Hasta aquí, los comentarios técnicos (y reconocerán que no me he alargado mucho) Al margen de la derrota de España en las semifinales contra Francia (*), el otro día reparé en una pequeña anécdota que, desarrollada, da lugar a todo lo que van a encontrar  a continuación.

Nuestra historia comienza una tarde de Septiembre, concretamente la del 14, en el año 2003. Entonces, estando nosotros a punto de empezar el Bachillerato, España venía de ganar la medalla de bronce en el Eurobasket de 2001 contra la Alemania de Nowitzki, y de quedar quinta tras vencer a Estados Unidos en el último partido del Mundobasket de 2002.

El rival de aquella tarde era Lituania, ¿recuerdan? Alineados, enfrente de los nuestros, estaban algunos de los jugadores lituanos que brillaron en el baloncesto europeo de principios de siglo: Sarunas Jasikevicius, un jovencísimo Arvydas Macijauskas, Ramunas Siskauskas, Donatas Slanina, Ksistof Lavrinovic… allí, en el salón de casa, nos sentamos a ver el partido, con la tensión propia de quien no sabe qué puede ocurrir en caso de ganar…

El partido se saldó por 93-84, y recuerdo muy pocos detalles del mismo. Sí me acuerdo con bastante claridad de la satisfacción generalizada que todo el mundo aficionado a este deporte tenía, tras la consecución de una importantísima medalla de plata, a pesar de la derrota. Era el segundo empujón de los Junior de Oro hacia el éxtasis por conseguir todo lo que vino después… un escalón más que forma parte imprescindible de la Historia de nuestro baloncesto.

Lietuva vs Ispanija, Final del Eurobasket de 2003

Mi hermano y yo vimos juntos aquel partido.

Dos años después nos encontramos el segundo capítulo de esta particular aventura. Nos trasladamos ahora a la tarde del 24 de Septiembre de 2005, a la última semana de un verano por otra parte largo y ya inolvidable por las circunstancias que aquellos que estén leyendo estas líneas y me conozcan personalmente recordarán. Faltaba tan sólo una semana para comenzar nuestro periplo universitario y me encontraba en Madrid con mi familia, en Sagredo, Casildo, el bar del barrio de mis abuelos de toda la vida. Y por la televisión, comenzaban a emitir la semifinal del Eurobasket 2005 que se disputaría entre España y Alemania.

Entonces, España venía de quedar séptima en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 tras su derrota contra Estados Unidos. Alemania presentaba en sus filas a Dirk Nowitzki, y además, que me suenen a bote pronto, Patrik Femerling y Robert Maras. Resultó un partido bonito de ver y muy disputado, al que se llegó a un final igualado. Revisando el partido recordé los pelos de punta que se nos pusieron a todos los presentes con el canastón de Navarro que colocaba el 72-73 a nuestro favor… y el silencio sepulcral que se produjo cuando Nowitzki convirtió la canasta del 74-73 con el que terminó el encuentro.

España vs Alemania. Semifinales del Eurobasket 2005

Mi hermano y yo vimos juntos aquel partido.

Antes de continuar, es necesario hacer una parada, aunque breve, para nombrar el punto de inflexión que se produjo en el deporte español tras la consecución del Mundial de Japón 2006. La canasta que siempre había entrado (o que siempre habíamos fallado), la de la última oportunidad y el último suspiro, la que lanzó Nocioni hacia las dos de la tarde de aquel caluroso viernes 1 de Septiembre de 2006… aquel balón se estrelló contra el muro de todo nuestro esfuerzo y la frustración baloncestística se tornó en éxtasis, en la locura de una victoria absoluta que no tardaría en llegar, dos días después, con la paliza que se llevó Grecia el 3 de Septiembre de 2006.

Poco importó mi suspenso en Microeconomía. La alegría desbordada aquellos días (y la posterior aprobación del examen en la siguiente convocatoria, bien entendu) fueron suficientes para lograr olvidar lo que no dejó de ser, con el paso de los años, una anécdota que le añade solera a este relato.

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El tercer episodio es la culminación del despropósito propagandístico que supuso el Eurobasket 2007, el que se celebró en casa. Mi memoria no tenía presente que antes hubiera habido una campaña semejante para vender la piel del oso sin ni siquiera haber salido a cazar. Pero todo eso forma parte del contexto y me desvío de la historia. La fecha que nos ocupa esta vez es el Domingo, 16 de Septiembre de 2007, cuando muchos de nosotros afrontábamos el tercer año de carrera.

Y de nuevo me hallaba yo en Madrid, por las circunstancias del momento. La capital del Reino, escenario de la final que se disputaría entre Rusia y España. Mi primo, mi hermano y yo (acompañados de Alvarito, a quien mando un fuerte abrazo desde estas sencillas líneas) a las pantallas gigantes puestas en Colón, para ver el partido como si estuviéramos presentes en el pabellón.

Recuerdo afrontar el visionado de aquella final con las vibraciones que guardábamos del espectáculo que se había vivido en el Saitama Super Arena el año anterior. Había dudas, incertidumbre, “ruido” (por la publicidad, la televisión, la prensa…) pero los “nuestros” eran muy “nuestros” como para que fuéramos a ver aquella final con la sensación de que se pudiera perder. El resultado lo recordamos todos, con la jugada en la que Holden corre y corre y corre y se le deja tirar, y mete una canasta que nos quita un oro que por momentos había parecido tan cerca… un último intento de Gasol no fue suficiente y la plata fue nuestra.

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Otra canasta en el último suspiro, otra derrota… y otro partido que mi hermano y yo vimos juntos.

El cuarto episodio tiene lugar la mañana del 24 de Agosto de 2008. El escenario esta vez se traslada a orillas del Mediterráneo, a la cafetería del Hotel El Cid. Debían ser las ocho de la mañana cuando dos hermanos descarados se pusieron a los mandos de aquel enorme televisor. Allí en ese momento no había nadie y por aquello de ser temprano pusimos bajita la tele, tras colocar nuestra bandera de España y de la Eñe. Enfrente Estados Unidos, y la sensación de que por alguna razón se les podía hacer frente.

Yo no recuerdo haber tenido más poder de convocatoria que en aquella ocasión. El ritmo del partido cogió tal intensidad que allí se fueron sumando amigos y conocidos, clientela que en otras circunstancias y dada la hora que era (en torno a las diez de la mañana) habría decidido que ir a tomar el sol a la playa era mucho más útil y satisfactorio. Cuando el partido se convirtió en un baile de triples y mates de unos y otros, en los últimos instantes del último cuarto de una final inolvidable, el bar estaba abarrotado de quienes permanecíamos tan emocionados como un tanto incrédulos.

Y pese a la alegría que por momentos parecía llevarnos en volandas hacia un resultado que habría inmortalizado para siempre al baloncesto español… los últimos minutos decantaron el partido a favor de los americanos. Aíto, con el mismo estilo analista de siempre, diría aquello de que había una distancia física que aún no se había salvado entre ellos y nosotros…

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Mi hermano y yo juntos… nos quedamos otra vez con una derrota en nuestros bolsillos y la mirada perdida frente al televisor.

Hagamos ahora un viaje en el tiempo que nos llevará a resumir en breves líneas nada menos que cinco años de nuestro baloncesto. La consecución, por fin, del Oro en el Eurobasket de 2009, con paliza frente a Serbia (85-62). El fracaso del Mundial de 2010, con sendas derrotas frente a Argentina por el sexto puesto y frente a Serbia en cuartos de final, que se tomó la revancha con un triple final de Teodosic. La repetición sin precedentes del Oro en el Eurobasket de 2011, con victoria frente a Francia. Y la reedición de la final Olímpica de 2008, esta vez con Londres como escenario para otro duelo de altura en los Juegos Olímpicos de 2012.

Nuestra historia llega a su último capítulo. Terminada la ola de Bachilleratos, Carrera, Máster en Marbella y una vez que estoy instalado en Niza para trabajar, me encuentro de nuevo en Madrid de fin de semana. Son las 18h de la tarde de un viernes, 20 de Septiembre de 2013, y contemplo el reloj mientras espero, con mis tíos y mi primo, a que mis padres lleguen a Madrid. A las 21 juega España contra Francia las semifinales del Eurobasket que se está disputando en Eslovenia y hemos quedado para verlo juntos mientras cenamos en El Capricho (no sé si es casualidad o no que en este momento suene en mi ordenador la composición de Korsakov “Capricho Español”… habida cuenta de lo que estoy escribiendo, ya no creo mucho en las casualidades, la verdad)

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Es un episodio que se ha vivido recientemente así que todos recordaremos con bastante detalle la grandísima primera parte y el posterior desinflamiento en la segunda. La llegada a la prórroga… los parroquianos de la taberna no parecieron, pese a todos los esfuerzos que hicimos nosotros, muy interesados en prestar atención al partido hasta los instantes finales (y con instantes finales me refiero a los últimos diez segundos, el todo o nada… otra vez, el eterno último suspiro) En la memoria quedará la llamada de atención de uno de los allí presentes que nos insinuó que no hacía falta “gritar tanto”; y los dos personajes que vieron en nosotros el cielo abierto para poder animar tranquilamente a los nuestros (porque ya se sabe que en España si no se pega patadas a un balón no es deporte y no se tiene derecho de gritar)

No olvido ese último y horrible balón que se le dio a Marc Gasol. Ni esa pelota que se estrella contra el aro, que va a dar a las manos de no sé quién, dando al traste con todas las ilusiones que se habían generado tras la primera parte. Francia vencedora, España cayendo en semis… y mi hermano y yo juntos, viendo otra vez el partido y quedándonos con la cara esa de “hay que jod…”

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Diez años de momentos, escenarios y circunstancias distintas con un denominador común: durante todo este tiempo, cada vez que mi hermano y yo hemos visto un enfrentamiento de la Selección Española de Baloncesto, ésta ha perdido, y lo ha hecho, en la mayoría de los casos, en el ultimísimo de los suspiros. Pero pese a todo, la sensación que guardo no es en absoluto de arrepentimiento: hemos disfrutado como enanos de todas esas oportunidades para gritar y pasarlo bien juntos (¡aun en la derrota!) Además, luego vienen los come-come, los análisis, los “anda mira que ir a poner…”, toda una serie de anécdotas en forma de mensajes de móvil, o de guasaps (con la llegada de ese invento del demonio que ya me han conseguido colocar llamado Smartphone) o de llamadas telefónicas sin tener apenas voz por haberse dejado algo más que las cuerdas vocales delante de la televisión.

El final que se merece esta pequeña odisea no es más que un “que nos quiten lo bailao”. Y esperando lo que el verano que viene puede ser el canto del cisne de una generación que ha inundado nuestro baloncesto de momentos de gloria (en palabras de mi padre, a quien me permito en este momento citar) me despido después de casi dos horas peleándome con el teclado de un ordenador que hoy me lo ha puesto bastante más difícil que otros días.

Van Morrison–Days Like This. “When no one steps on my dreams there’ll be days like this…”

Es lunes, 7 de octubre de 2013. Afuera está lloviendo, cae esa fina lluvia tan típica del Mediterráneo en otoño. A pesar de esa dificultad para escribir, lo he conseguido. Aquí termina esta actualización de un blog para el que poco a poco voy encontrando una nueva razón de ser.

29 de septiembre de 2013

La dignidad perdida… ¿y encontrada?

Leía esta tarde en El Mundo el titular de que las asociaciones de víctimas del terrorismo se plantean por primera vez celebrar conjuntamente el homenaje a los fallecidos en los atentados terroristas de Madrid el 11 de Marzo de 2004. Bien, como ocurre con todas las noticias que tienen que ver con aquel infausto atentado, vaya usted a saber en dónde parará la supuesta intención de las distintas asociaciones. Por un lado, prefiero no hacerme ilusiones, pero por otro…

Ya sabemos que hablar del 11-M implica tratar un tema que hace hervir la sangre de muchos. La mía, para empezar. Se trata de uno de los días más impactantes de mi vida, uno de los momentos más tristes que recuerdo, y uno de los recuerdos más lamentables que la historia de mi país me ha proporcionado en lo que llevo de vida. El hecho de ver que las víctimas y los familiares de las mismas no son –o no eran- ni siquiera capaces de celebrar un homenaje conjunto a todos los que murieron ese día no sólo es un reflejo de la triste realidad que a mi modo de entender vive España, sino también un signo de debilidad ciudadana que los políticos actuales –el mayor error posible en las peores circunstancias imaginables- no han dudado en aprovechar desde el primer instante.

Esa división entre las víctimas fue aprovechada para silenciar los atentados, para trasladar la atención a disputas políticas que nos han traído al estado en el que nos encontramos… disputas creadas por quienes ahora y siempre han renunciado a acudir a los homenajes, por quienes decidieron que el Día de las Víctimas del Terrorismo fuera un 27 de Junio mientras que Europa sí consideró el 11 de Marzo lo suficientemente importante para convertirse en el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo, por quienes encubrieron continua y descaradamente a los que no prestaron la más mínima atención a los procedimientos seguidos en la investigación y custodia de las pruebas…

… disputas, en fin, que sólo sirvieron para robarnos un poco más nuestra dignidad como país. Una dignidad más despreciada por el hecho de que ni las Asociaciones de víctimas se podían poner de acuerdo entre ellas. Son –o deberían ser- las asociaciones de víctimas del terrorismo, cuyos miembros son los principales afectados por aquella masacre, las primeras en dar los pasos necesarios para romper las barreras y la ley de silencio que los cargos públicos han impuesto sobre este asunto.

Recuperar una parte de la dignidad que España perdió aquel 11 de Marzo de 2004 dependerá, en mi opinión, de que finalmente el homenaje sea conjunto y la fecha se reserve de forma exclusiva para ese acto público. Y las víctimas descansarán, seguro, un poco más en paz…

Por todo lo que perdimos aquel 11 de Marzo de 2004

… y con esa dignidad recobrada, podremos plantearnos continuar con lo siguiente.

28 de septiembre de 2013

Continuando la puesta a punto: de la juventud, sus virtudes y sus defectos.

El otro día caminaba por la calle mientras me crucé con una pareja que tendría unos sesenta años. Iban hablando de la forma en que los jóvenes tenemos de querer cambiar las cosas que funcionan por el simple hecho de hacer algo distinto. Poco después, mientras esperaba a que un semáforo se pusiera en verde, escuchaba a dos compañeros de trabajo hablar sobre la dificultad que su entorno crea a la hora de cambiar la manera de hacer las cosas.

Tras escuchar las dos opiniones, totalmente encontradas, cada una con sus razones, su acierto y su margen de error, no pude evitar inspirarme para lanzarme a continuar retomando el ritmo del blog.

Quizás se trata de una reflexión algo compleja de entender, a pesar de que voy a intentar hacerlo lo mejor posible… me viene a la mente, además, de forma continua desde que empecé a trabajar (quizás antes no estaba en condiciones de percibirla… pero esa es otra historia) Muchas veces siento como que los entornos en los que la cúpula ejecutiva es más joven el comportamiento de las personas es mucho más dinámico que aquellos círculos en los que los jefazos son eso, jefazos, con un carro de experiencia a sus espaldas.

¿Qué sucede? Que el segundo grupo se comporta, o al menos generalizando la forma en que yo lo percibo, de una forma mucho más encuadrada: hace lo que hace como lo hace, porque sabe que así se hacen las cosas para que todo vaya bien. En cambio, el primero, compuesto según mi pequeño análisis por generaciones más jóvenes, se muestra mucho más abierto a otras posibilidades: sabemos que si se hace así tenemos éxito… ¿pero hasta dónde podríamos llegar si intentamos otro sistema?

Claro que ahí entramos en el terreno del riesgo, la voluntad de correrlo y la capacidad de asumirlo (casi nada, acabo de titular un proyecto de fin de carrera de psicología… o de finanzas… o de muchas cosas, entre ellas y por hablar de lo mío, incluso de la gestión hotelera)

No quiero extenderme demasiado, es una idea difícil de explicar pero muy breve de describir: noto que cada vez que alguien intenta hacer algo nuevo, suele tratarse de gente joven dispuesta a aplicar un nuevo sistema porque cree que una nueva forma de hacer las cosas podría mejorar los resultados. Y en ese instante, alguien con bastante más experiencia presenta su actitud de “todavía te queda mucho por aprender…”, comportamiento conservador totalmente comprensible hasta cierto punto… y el nuevo sistema cae en el olvido con la incógnita del resultado que se habría podido obtener de su aplicación.

Somos jóvenes, y tenemos ideas. Que tal vez sean imposibles de materializar… puede. Que su resultado sea una verdadera incógnita… tal vez. Pero si el que inventó la rueda hubiera hecho caso solamente a quienes le decían que en burro se iba perfectamente a todas partes…

Loquillo–Memoria de jóvenes airados. “Marcamos la diferencia, sin haceros reverencias…”

… claro, que tal vez esta sea la idea equivocada de un joven al que aún le queda mucho que aprender.

25 de septiembre de 2013

Puesta a punto… cómo arrancar lo “inarrancable”

Esta mañana salí a pasear y me senté un instante en uno de los bancos que hay junto al paseo de la playa. Y pensé. Porque la recién terminada visita a Madrid ha dado lugar a eso, a pensar. En mi futuro, el de los que me rodean, mi familia, mis amigos…

Y en mi país. En lo que pasa en España.

Paseando por la Avenida Ciudad de Barcelona, cruzando el paseo de peatones que une la gran Avenida con las entradas a la estación de Atocha, uno ve pasar un montón de coches, camiones, furgonetas, de todo. Y sobre todo, me llama la atención la inmensa cantidad de taxis que hay. Cuando percibo esa pila de taxis me doy cuenta también de lo diferente que son algunas cosas en mi otra ciudad, en Niza. Allí hay muy pocos taxis, y muy caros.

Luego, si giramos la cabeza vemos un inmenso cubo de cristal. El detalle de estar sucio no le quita peso a la única razón que cuenta para mí desde que lo vi ahí plantado; y es que el monumento a los fallecidos en los atentados del 11 de Marzo de 2004 en Madrid parece más bien un homenaje al reciclaje que otra cosa. En fin, que el que lo diseñó debe dormir muy tranquilo y no seré yo quien venga a quitarle su paz, pero esta idea cruza mi cabeza cada vez que veo su creación y lo que pretende evocar. Estas cosas pasan, supongo.

Si continuamos el trayecto cruzamos una mirada con el hotel Mediodía, que tiene un letrero que parece querer llevarme a una época muy anterior. Siempre que lo veo me imagino una noche lluviosa llegando a Madrid en tren y refugiándome en alguna de sus habitaciones… un dos estrellas primo lejano, tal vez ni siquiera, de los lujosos cinco estrellas que se encuentran más lejos en el Paseo del Prado.

Y a través de la calle de Atocha, nos vamos adentrando en el Madrid de la historia. Una ciudad que despierta ahora de su sueño olímpico, ya sea por todos los que estaban deseando lograr la candidatura, ya sea por quienes no la querían ni en pintura. Una capital que lleva por sus venas lo que también está ocurriendo en otros sitios del país. A pesar de ver a la gente en las terrazas, a pesar del bullicio entre las calles y comercios… no, no se respira la atmósfera que otrora inundara según qué ambientes.

La crisis ya se ha ganado por méritos propios un hueco en la historia del siglo XXI. Cada vez que voy a Madrid y escucho a quienes me explican la situación, me pregunto cómo es posible que esto esté durando tanto, sin remedio aparente. Sorprende la velocidad a la que las cosas empeoraron y la exasperante lentitud para que todo vuelva a su cauce. Es como un río que se ha desbordado… una sangría sin remedio.

Y me cabrea pensar que, después de lo vivido en el siglo XX, continuamos escribiendo la historia con tinta de desgracias y desastres.

Pues eso pensaba hoy. Todos hemos cometido errores, a todos se nos ha ido la cabeza alguna vez y hemos perdido el cuidado que deberíamos tener con según qué detalles, en el trabajo, en la vida… que el análisis de la situación lo hacen mejor los expertos en variables macroeconómicas, vale, pero aun así, a pesar de todo… insisto en que todos hemos metido la pata alguna vez y sin embargo no existe mal que no tenga remedio. Mucho, me cuesta mucho creer que no se va a salir de esta.

Y mientras pronuncio en voz baja la frase anterior, me lanzo esa fina autocrítica que me invita a preguntarme “Y si lo ves tan fácil, ¿por qué no vuelves?”. A lo que reacciono encogiéndome de hombros y pensando que hoy tengo más de una razón para responder, mañana…

Bruce Springsteen–The Promise “I followed that dream just like those guys do up on the screen…”

… mañana, ya veremos.

24 de septiembre de 2013

Escribir. Volver a escribir.

Era tarde la noche que, mirando el teléfono, me di cuenta de cuánto tiempo hacía que no me sentaba tranquilamente a escribir. A dejar que la mente se vaya vaciando poco a poco, mientras la hoja (o la pantalla) se llena de palabras que intentan poner orden y equilibrio entre pensamientos y sentimientos.

No deja de resultarme irónico que vuelva a escribir el día en el que un Smartphone llegó por primera vez a mis manos. En algún lugar oí que el sistema operativo de la misión Apolo no tenía más potencia que algunos procesadores de los teléfonos móviles actuales; pensar que tengo entre mis manos un aparato con el que se podría llegar a la luna me resulta gracioso… pero me estoy desviando del tema.

En una ocasión se rieron sin parar en una biblioteca porque decían que golpeaba las teclas con una energía, con una precisión, que parecía que me iba a caer dentro del ordenador… o que iba a romper las teclas de mi portátil. Ni lo uno ni lo otro aunque, volviendo al principio, una de las cosas que suceden cuando uno se concentra demasiado (si es que “demasiado” existe en la terminología utilizada para medir grados de concentración… cosa que dudo) es que parece que se cae dentro, se sumerge sin remedio, prisionero, tal vez, de las frases que le rodean.

Y vuelvo al origen, adonde empezó todo esto de escribir en Internet y sentir que soy importante. O simplemente escribir, sin necesidad de sentirme importante. Quizá porque ver una página en blanco y preguntarme si seré capaz de rellenarla con un texto decente es un desafío que me engancha. Quizá, también, lo hago por no ceñirme irremediablemente al molde de la pasión que despierta en mí mi profesión… y no obsesionarme con dedicarle palabras exclusivamente a la región en la que habito.

Tal vez todo lo anterior es consecuencia directa del huracán de sentimientos despertados por las calles de Madrid este fin de semana. Volviendo a uno de los puntos de origen (que no el Alfa… pero sí tal vez la Beta) se registra la evolución, se miden los cambios, se hace balance.

Por contar una anécdota antes de terminar, en Madrid volví a ver un partido de baloncesto, exactamente dos años después de que España conquistara su segundo Eurobasket. Podría decir que me decepcionó que en mi país sólo se pueda gritar cuando once señores le pegan patadas a un balón… pero hoy, esta noche, estoy en paz con el mundo y no quiero protestar. Ya habrá tiempo de reñir, pero hasta que ese momento llegue… lo único que quiero hacer es escribir.

Y mientras escribo, arranco el motor que comenzó su ralentí cuando el avión me llevaba de vuelta a Niza sobrevolando alguna parte del Mediterráneo en medio de la primera noche otoñal, y el reflejo de la Luna se extendía hasta un desconocido punto del horizonte.

Un horizonte alcanzado tras 500 palabras. 500 palabras escritas para volver a escribir. Y para terminar, una canción para calmar nervios y reposar sensaciones.

Vienna–Billy Joel “But don’t you know that only fools are satisfied?”

Bienvenidos de nuevo.

31 de diciembre de 2011

De aquí...

El atardecer de hoy bañó de rojo anaranjado el cielo de la Côte d'Azur.

Atardecer sobre Niza (Francia) 31-12-2011
Niza, caprichosa y eterna, vuelve a cruzarse en mi vida, como ya lo hizo en 2008. Círculos que se cierran, círculos que se abren... Aquí, porque ya estoy aquí, empieza la nueva etapa de mi vida, que durará lo que Dios quiera que dure, y esperemos que tenga buen final.
 
 
Por mi parte, si me pusiera a hacer repaso de todo lo que este año ha supuesto en mi vida, no terminaría ni para las uvas de este año ni de las del siguiente... este año sería imposible de resumir en una simple entrada de blog. Quédense con mi sentimiento de plena satisfacción con todo lo hecho.
 
 
Por otra parte, querría desearos a todos el mejor de los finales para este 2011. En compañía de vuestra familia, vuestros amigos o conocidos, o con quien estéis. No son momentos fáciles, para nadie... toda las personas que conozco de siempre y que he conocido recientemente han tenido que renunciar a algo últimamente, pero aun así... aun así, seguro que hay un recuerdo, un momento o un sentimiento que nos hace sonreír en estas últimas horas.
 
 
Agarrémonos a esa llama de esperanza para afrontar el 2012 con ilusión.


Amanecer desde la Promenade des Anglais. Nice (France), 31-12-2011
Y para terminar...
 
 
... el barco de "El Blog del Aficionado" llega hoy a tierra, tras surcar los mares de la red durante cinco intensos años, en el que juntos hemos visitado orillas distantes y variadas: deporte, política, cine, música, asuntos personales... Llevo varios días pensando cuál podría ser el mejor broche para el blog, que vivió casi toda mi etapa universitaria, y los meses de paréntesis entre licenciarme y partir hacia tierras lejanas a completar mis estudios de post-grado.

Creo que lo mejor que puedo decir es: Gracias a todos los que habéis estado aquí. Deciros que no me voy, que volveré con nuevas ideas, aunque menos habitualmente. "El Blog del Aficionado" ha sido una de las cosas más creativas que he hecho en mi vida, y termina porque siento que debe terminar para comenzar algo nuevo de verdad.
 
 
¡Feliz año nuevo a todos!