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3 de febrero de 2011

No me gusta el humor negro.

Tenía una sábana larguísima preparada para publicar hoy. Había escrito párrafos y párrafos cargados de ideas, pensamientos y reflexiones… Creo que todo sobraba porque se puede resumir para que suene más claro.

La polémica que desató Nacho Vigalondo fue a raíz de unos chistes y comentarios improcedentes en su twitter a finales de enero de 2011:

28 ene 2011, 10:28 pm: Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El holocausto fue un montaje!

28 ene 2011, 10:29 pm: Tengo algo más que contaros. La bala mágica que mató a Kennedy ¡Todavía no ha aterrizado!

28 ene 2011, 11:22 pm: ¡Ah, el tweet del holocausto ha sido un detecta-gilipollas de primera!

29 ene 2011, 12:09 am: Si twitteas una broma a costa del Holocausto perderás un porrón de followers sin sentido del humor. Lo recomiendo como Solución Final.

29 ene 2011, 12:16 am: ¿Cómo se llamaba la película esa de Spielberg? Ah, sí... Parque Judaico.

29 ene 2011, 12:23 am: Cómo se llamaba la película de Spielberg... Ah, sí "A todo gas".

29 ene 2011, 12:28 am: Decoraban las paredes con cuadros de Degas.

29 ene 2011, 12:51 am: "El niño del pijama de rayas se va de marcha"

29 ene 2011, 1:06 am: A ESTE PASO ME VAN A APLICAR LA LEY SCHINDLER #LeySchindler

29 ene 2011, 1:27 am: Cómo era la película de Spielberg... "Anna Frank's Catch me if you Can"

29 ene 2011, 1:44 am: @javizerox @Renacuaja PIDO PERDÓN. Me he propasado, en serio.

29 ene 2011, 3:49 am: Oye, que era broma, eh.

29 ene 2011, 2:40 pm: Bueno, zanjemos este tema, que tampoco da para mucho más. Además echan en la tele una de Spielberg... "Encuentros en la tercera fosa".

… y podéis seguir a partir de este tweet toda la conversación en el Twitter personal de Nacho Vigalondo.

Sobre comentarios de semejante magnitud, y la polémica que su autor sembró con ellos, sólo tengo que decir cuatro cosas:

  • Una: creo que lo mínimo que podía hacer Vigalondo después del revuelo que él solito se buscó era pedir disculpas. Después de meterse en el fregado y tras numerosas explicaciones y justificaciones que no le dan la razón (ni a él ni a los que justifican el sentido del humor con determinadas cosas), por lo menos ha pedido perdón.
  • Dos: me parece que todos esos que ponen el grito en el cielo acusando de censuradores (este enlace os llevará a una entrada del blog “thehardmenpath”) a El País y a quienes se han escandalizado por los comentarios de Vigalondo en su twitter, no son más que unos egoístas incapaces de entender que en el mundo aún quedan personas a las que no nos vale cualquier tipo de sentido del humor.
  • Tres: no estoy de acuerdo con el siguiente planteamiento: “si yo digo algo y te parece mal, la culpa es tuya”. Y menos aún si hablamos de determinados temas que pueden herir la sensibilidad de las personas.
  • Cuatro: por encima de todo lo demás, en este mundo me sobra el humor negro. En serio, cada día puedo menos con él. Me suena frío y carente de gracia, pedante y cruel.

“El cartel”

Un adolescente se paseaba por el pueblo y llegó a la plaza a sentarse en uno de los bancos, junto a la fuente. Siempre le habían dicho que sus chistes hacían mucha gracia y por eso no tenía reparos en contárselos a cualquier desconocido con el que se cruzara.

Así que en esa ocasión, a pesar de ser nuevo en la aldea, no iba a ser menos. Observó tranquilamente a la gente que pasaba hasta que se decidió. Sacó un cartelito que decía:

“Psicópata asesino busca chica para relación corta”

La gente seguía pasando pero poco a poco se iban fijando en el cartel que el joven tenía a sus pies. Unos torcían el gesto pero seguían su camino sin detenerse. Otros esbozaban una ligera sonrisa al ver la cara de complicidad del joven. Al terminar el día, la mayoría de las personas que habían pasado por la plaza se había reído ante el cartel.

Pasaron los años.

El adolescente creció y conoció a una chica de la que se enamoró perdidamente. Se casaron y tuvieron una preciosa hija. Ella creció sana y fuerte, se convirtió en una bella mujer y en una grandísima persona.

Una mañana, la hija no volvió a casa. Sus padres no se preocuparon demasiado hasta que una llamada de la policía despejó todas las dudas. La desgraciada noticia estaba confirmada por varios vecinos.

Pasaron unos meses.

Un día, el padre bajaba a hacer la compra diaria al supermercado. De vuelta a casa alargó su paseo y llegó hasta la plaza del pueblo. En uno de los bancos había un joven que mostraba una sonrisa de suficiencia. El padre se fijó en que algunas personas, al pasar ante el adolescente, sonreían. Se acercó y descubrió que a los pies había un cartel escrito a mano que rezaba lo siguiente:

“Psicópata asesino busca chica para relación corta”

- FIN -