Mostrando entradas con la etiqueta Música clásica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Música clásica. Mostrar todas las entradas

15 de marzo de 2011

Concierto del 10 de marzo

El jueves pasado fui de nuevo al Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo para escuchar un nuevo concierto de la temporada de este año. El programa, interpretado por la Orquesta Filarmónica de Montecarlo, era el siguiente:

Héctor Berlioz – El carnaval romano
Johannes Brahms – Doble concierto para violín, violonchelo y orquesta en La menor
George Gershwin – Un americano en París
Maurice Ravel – Suite orquesta No.2, de “Daphnis et Chloé”

El concierto fue muy bonito y original. En particular, los protagonistas del concierto de Brahms (Julia Fischer, violinista; Daniel Müller-Schott, violonchelista) estuvieron geniales.

Me gustó mucho la conocidísima obra de “Un americano en París”: es original ver a una orquesta entera sonando a ritmo de Jazz. Y la Suite de Maurice Ravel recuerda a la banda sonora de una película de aventuras: genial la flauta (a quien el director, Neeme Järvi, dedicó una especial mención durante el aplauso del público)

No dejéis de escuchar “Un americano en París” (Parte 1) y (Parte 2)…

… tampoco os perdáis la suite de Maurice Ravel: merece la pena escucharla (Parte 1) y (Parte 2)…

… y, por último, no podéis cerrar esta ventana sin escuchar la propina que dedicó la Orquesta Filarmónica de Montecarlo: la obra “Farándula Arlesiana Suite No.2” de Georges Bizet.

Como siempre digo, si alguien ha encontrado una versión mejor, no dude en indicarlo en la pestaña de los comentarios o a través del correo electrónico; ¡yo lo cambiaré encantado!

4 de marzo de 2011

Despegando…

Ha sido una semana intensa, esta que termina. Las calles mojadas recuerdan que AÚN es invierno, pero la luz que hay a las siete de la tarde avisa de que YA es marzo.

Aprovecho la ocasión de sentarme a escribir esta noche para avisar de que en los próximos días me ausentaré de mi ciber-puesto habitual. El motivo: un viaje, que puede ser determinante para mi futuro. A la vuelta, dentro de unos pocos días, retomaré la actividad bloguera, quién sabe por qué sinuosos derroteros.

auditorio Para despedirme, hoy fui al Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, a ver uno de los conciertos del programa de este año. Como curiosidad, me encontré con que hay montada una exposición de las mujeres astrónomas a lo largo de la historia. Se llama “Con A de Astrónoma”, y tiene buena pinta, así que si alguno está interesado en pasarse, estará en el Auditorio hasta el 30 de marzo, entrada libre, desde las 9 de la mañana a las 9 de la noche.

El programa del concierto fue el siguiente:

Mikhail Ivanovich Glinka (1804-1857) – Obertura de Ruslan y Ludmila
Sergei Sergeievich Prokofiev ( 1891-1953) – Concierto para violín y orquesta No.2 en Sol menor, op.63
Piotr Ilych Chaikovski (1840-1893) – Sinfonía No.5 en Mi menor, op.64

La Obertura, genial (tocada a velocidad de vértigo pero muy bien). El Concierto de Prokofiev, la verdad, no me dijo mucho. La música de este compositor me resulta muy difícil de seguir, no acabo de engancharme a su estilo y nunca “entro” en sus obras. El final del concierto, la quinta de Chaikovski (de quién si no… ¡parece que Piotr me persigue últimamente!) espectacular. Cualquier calificativo se quedaría corto, “una quinta de Chaikovski interpretada para el recuerdo” me dijo mi padre.

Como muestra, aquí dejo la Obertura de Ruslan y Ludmila

 

… y el segundo movimiento de la quinta sinfonía de Chaikovski.

 

Por si Youtube desactiva las inserciones tenéis el link sobre el nombre del vídeo. Y como siempre digo: no creo que sea la mejor versión de las que se pueden encontrar por Internet, así que estáis invitados a pasarme un enlace que consideréis que sea mejor. ¡Gracias!

Como deberes os dejo muy poca cosa:

TVE (Spain)
4 March: 14:30 (13:30 GMT) Day 1 Live
5 March: 14:30 (13:30 GMT) Day 2 Live
6 March: 14:30 (13:30 GMT) Day 3 Live

  • el Oviedo Baloncesto juega contra el Lan Mobel ISB en Guipúzcoa, para seguir aspirando al máximo (con la permanencia prácticamente lograda y con opciones de playoff)
  • el Joventut de Badalona juega el sábado contra el Madrid, en la capital. Difícil partido pero como el Bressol insiste jornada tras jornada… la esperanza es lo último que se pierde.

Nos vemos. Y ojo, que Rubalcaba te vigila.

21 de febrero de 2011

Cisne Negro

LA CRÍTICA QUE HAY A CONTINUACIÓN CONTIENE DETALLES DEL ARGUMENTO DE LA PELÍCULA “CISNE NEGRO

cisne-negro-trailer-espanol

“Aronofsky bien cogido de la mano de Tchaikovsky”

Aferrándome a lo que realmente pasa en “Cisne Negro”, creo que es mucho ruido y pocas nueces. Una vez que el propio director de representación del ballet nos desvela el final de “El Lago de los Cisnes” (un sueño roto…) se deja entrever cuál va a ser el final de la película. Pero volviendo sobre ella encuentro más lecturas.

No es Tchaikovsky el que nos cuenta la historia de amor entre una mujer convertida en cisne y un príncipe engañado; es Aronofsky quien narra la historia de Nina, una bailarina de ballet que apunta tan alto como su talento le permite. Pero el director coge de la mano a Tchaikovsky para llevarnos de paseo por la mente de Nina; un paseo aderezado con algunos arreglos traídos perfectamente para el score por Clint Mansell.

¿Qué pensaría Tchaikovsky si mañana levantara la cabeza y viera cómo Aronofsky utiliza su música? Exclamaría: “¡Han convertido una historia de amor en un sórdido y violento buceo por la mente de una bailarina brillante pero atormentada!”. Puede ser… o tal vez no.

La historia del príncipe Sigfrido, obligado por su madre a escoger esposa entre las jóvenes de la corte, cuenta cómo aquél se enamora de una preciosa mujer (Odette) convertida en cisne por obra del malvado mago Von Rothbart. Sigfrido, engañado por Rothbart, jurará amor eterno a Odile creyendo que ésta es Odette. Sobre el final de la historia existen varias versiones.

La música de Pyotr  Tchaikovsky en “El Lago de los Cisnes” es como una tela de araña que nos sorprende, nos atrae, nos atrapa y nos envuelve desvelándonos compás tras compás el argumento. Desde su más conocido tema hasta el final. Qué final. “El Lago de los Cisnes” es una historia de amor, una historia de la eterna lucha entre el bien y el mal, o una desgarradora historia de un sueño frustrado…

Tchaikovsky no tuvo una vida tranquila. El hecho de ser homosexual en pleno siglo XIX, además del fuerte apego a su madre (fallecida cuando Pyotr cumplió 8 años), se lo impidió. Su carácter sensible y depresivo se refleja en las muchas obras que compuso. Creo que escuchar el final de “El Lago de los Cisnes” recuerda a una especie de liberación.

Aronofsky emplea la música de un compositor atormentado para contar la historia de una bailarina obsesiva y también atormentada. Lo cual, sin lugar a dudas, es un gran acierto.

Lo más interesante, sin embargo, no es lo que pasa en la película sino cómo pasa. Lo mejor es dejarnos llevar por la maravillosa interpretación de Natalie Portman: una bailarina brillante, técnicamente perfecta, que tiene un sueño; una mente reprimida y atormentada, que se siente incapaz de alcanzar el éxito tan deseado. Un carácter obsesivo que se topa una y otra vez contra el muro superprotector de su madre, una bailarina frustrada.

La película nos envuelve como una tela de araña, quizá con algunos excesos (quizá no), mientras el carácter de Nina evoluciona (o degenera) cuando la consecución de su sueño (o el siempre posible y temido fracaso) se acerca. Nina está cada vez más atrapada en su propia mente, convirtiéndose a sí misma en su principal obstáculo.

Sigfrido y Odette lucharán contra el malvado Von Rothbart para terminar con su maleficio. El sueño de amor entre el príncipe y la mujer convertida en cisne termina con el sacrificio de los personajes; un trágico final, único medio por el cual pueden liberarse del hechizo del mago.

Nina consigue superar esa barrera después de una carrera hacia lo más recóndito y perverso de su mente. Cuando escapa de sí misma encuentra el modo de triunfar. Y mientras suenan los compases finales de “El Lago de los Cisnes” Nina saluda, ya liberada, al malvado Von Rothbart, a su príncipe amado y finalmente, al público, que aplaude enfervorecido por la genial actuación de la bailarina.

Me imagino que muchos habrán salido del cine con los pelos de punta. Pero creo que eso es más mérito de Tchaikovsky que del guión de Cisne Negro. La música de “El Lago de los Cisnes” es delicada, preciosa, perfecta; algunos expertos en música cinematográfica señalan que la banda sonora puede convertirse en una trampa que atrapa al espectador, teledirigiendo sus emociones: eso es lo que creo que ocurre en esta película.

Cuando la batalla entre la pureza del Cisne Blanco y la lujuria del Cisne Negro alcanza su punto álgido, no es Aronofsky quien lleva su guión con solidez: es Tchaikovsky con su música el que coge la batuta y adopta el protagonismo de la historia.

De Aronofsky es el gran mérito de encuadrar tan increíblemente bien la intrincada mente de Nina, la evolución de su comportamiento. De Natalie Portman es el mérito de representar de una forma tan genial la evolución de un personaje atormentado; el mérito de plasmar tan perfectamente la presión de un mundo tan difícil como el artístico. Pero es de Tchaikovsky el mérito de crear una música con tanta fuerza; de crear una composición y lograr trascender, siglo y medio después de su primera representación, en las salas de cine de medio mundo.

Y por eso, para mí, “Cisne Negro” es notable. Porque el “muy bueno” pertenece a “El Lago de los Cisnes”, utilizado aquí como un recurso (ideal, eso sí) que acompaña a nuestra bellísima Nina.

Si lo deseas, puedes ver esta crítica en mi perfil de FilmAffinity: "Aronofsky bien cogido de la mano de Tchaikovsky"

2 de junio de 2009

Espléndido Brahms

El domingo se cerró el ciclo de conciertos 2008-2009 en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, con un programa que incluía el Concierto para violín y orquesta en Re mayor (op 35) de Chaikovski, y la Sinfonía nº2 en Re mayor (op 73) de Brahms. La orquesta, la Sinfónica de Viena, dirigida por Fabio Luisi, ofreció un concierto inolvidable para dejar cerrada con buenísimo sabor de boca esta temporada musical.

En la primera parte se escuchó al violín de Julian Rachlin las notas de lo que se ha venido apodando como El Borracho; una melodía que por momentos se vuelve retorcida, caprichosa, que hace al violinista moverse en el escenario para seguir el ritmo de la partitura y lograr el efecto sonoro tan sorprendente de esta melodía.

Y en la segunda parte, la 2ª Sinfonía de Brahms... de la cual poco puedo decir. No me considero un entendido de la música clásica, ni mucho menos, pero las cuatro sinfonías de Brahms me resultan sencillamente encantadoras; su melodía, tan acompasada (como la cuarta sinfonía), tan suave (como el cuarto movimiento de la primera sinfonía -parte 1/2- y -parte 2/2-) y tan cargada de carácter en determinados momentos (como el final de esta segunda sinfonía) es magnífica.

El concierto estuvo genial, la actuación de la orquesta austriaca rozó por momentos la perfección y completaron el programa con magnífica seriedad. Si queréis leer la crítica que hace Joaquín Valdeón en La Nueva España para este concierto, aquí la tenéis.

¡Feliz Martes de Campo!

17 de mayo de 2009

Amigos, no en esos tonos

El 7 de mayo de 1824, casi bien entrado el siglo XIX, en el Teatro de la Corte Imperial de Viena tiene lugar el estreno del que va a ser el último gran éxito de Ludwig van Beethoven.

El teatro está lleno, la expectación por la que puede ser la última ocasión de ver al afamado compositor en público es total. Cuando comienzan a sonar los primeros compases del primer movimiento, el Allegro, la fascinación es absoluta. Beethoven ha estrenado una creación innovadora que incluye formas musicales que hasta ahora no se habían oído; al comenzar el segundo movimiento, el Molto vivace, todos los allí presentes comprenden que Beethoven ha conseguido romper con esquemas musicales cerrados que hasta entonces se habían compuesto; al inicio del tercer movimiento, el Adagio molto, lo que se escucha es el espíritu precursor del romanticismo decimonónico; la ruptura con el clasicismo es clara y evidente en un contexto de Ilustración, donde los principios de igualdad, libertad y fraternidad guían nuevas líneas de pensamiento y dan lugar a una sociedad nueva –y conflictos nuevos-; todo esto impregna la música de Beethoven.

Y tras el tercer descanso comienza el cuarto movimiento, el Presto – Allegro. El coro, que hasta entonces ha permanecido en sus asientos figurando como mero espectador, se levanta entonces y comienzan a sonar los acordes del que será el himno de la futura Unión Europea. Pero eso el público no lo sabe; el público ahora mismo está disfrutando de la melodía que sale de los violonchelos, hasta que el bajo toma aire y canta

Amigos, no en esos tonos…

Entonces la sinfonía va subiendo en tono e intensidad, mientras el cuarteto solista canta y responde a los acordes de la melodía instrumental. Y por fin, el éxtasis sinfónico llega con la entrada en escena del coro, que irrumpe dejando extasiados a los oyentes. Ellos, los protagonistas de ese momento, los espectadores, y el actor principal, no tienen ni idea de que lo que están oyendo en esa sala será arreglado, un siglo y medio más tarde, para convertirse en el Himno de la Unión Europea; como tampoco saben, por supuesto, que casi doscientos años más tarde esa partitura será declarada como parte del Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

Pero de todos los que están en el teatro, uno no puede captar toda la importancia del momento. Mientras el público, en pie, impresionado por lo que acaba de escuchar, ovaciona a Beethoven, éste permanece de espaldas al público mirando a la orquesta: su sordera le impide escuchar los aplausos que le están siendo dedicados por última vez. Sólo el movimiento de una solista, que le coge del brazo para que se dé la vuelta, permite que Beethoven sea consciente del espectáculo.

185 años después de este impresionante y exitoso estreno, tuvimos en Oviedo la oportunidad de disfrutar de esta gran obra, con motivo de la celebración del Décimo Aniversario del Auditorio Príncipe Felipe. Lorin Maazel dirigió a la Orquesta Sinfónica de Toscanini y al coro del Orfeón Donostiarra, acompañados de un cuarteto vocal de excepción, la soprano Nancy Gustafson, la mezzosoprano Veronica Simeoni, el tenor Roberto Saccà y el bajo Attila Jun.

Yo, por segunda vez en mi vida, tuve la oportunidad de disfrutarlo (¡gracias a que todos los tontos tenemos algo de suerte!) y créanme… fue algo digno de vivir en directo.

P.D: solamente decir la versión que he encontrado por Youtube para acompañar la lectura es un directo que no es ni la mejor ni la que mejor se escucha. Además, como anécdota, decir que al final del primer vídeo se oyen unos aplausos... probablemente de unos espectadores algo despistados que pensaban que había terminado la obra en ese momento.. ¡cuando aún quedaba lo mejor!

Además, podéis leer la crítica que hace La Nueva España del concierto del sábado aquí: La Nueva España, 18-5-2009, "Serenidad y vigor en la cumbre"

7 de abril de 2009

Vacaciones de Semana Santa

Antes de irme de convivencia pascual a Valencia de Don Juan quería subir una última entrada. La que podría denominar como última entrada del primer trimestre, pues la Semana Santa este año ya veis que cae casi casi como para hacer una partición perfecta a finales de marzo y principios de abril. No vuelvo hasta el domingo así que es probable que hasta el lunes no reinicie mi actividad blogueril.

Últimamente estoy escuchando mucha música clásica, más de la que habitualmente he escuchado. Una vez superadas las sinfonías de Beethoven y la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorak, he pasado a escuchar alguna otra sinfonía de Mahler (después de escuchar su Quinta sinfonía hace un par de semanas en el Auditorio de Oviedo); la primera sinfonía de Brahms; la "Pasión de Cristo según San Juan" de Bach (este último domingo también en el Auditorio de Oviedo) y alguna otra obra suelta por ahí (para muestra un botón, el "Requiem" de Mozart es un buen ejemplo de obra suelta)

Para mí la Semana Santa es una buena oportunidad para interiorizar, meditar, y profundizar sobre aspectos de nuestra vida; no sólo de nuestra vida cotidiana sino de nuestra vida religiosa (pues la Semana Santa tiene un trasfondo para los cristianos muy importante). Para aquellos que estén interesados les dejaré un par de vídeos en los que se puede escuchar el cuarto movimiento de la sinfonía de Brahms. Lo ideal sería algún fragmento de la Pasión que escuché el domingo, pero esto que voy a dejar es más "fácil" de oír si no estamos acostumbrados a la música clásica. Os dejo entonces con el cuarto movimiento de la 1ª Sinfonía de Johannes Brahms (haced click sobre el enlace para leer la información de Wikipedia).

Pero antes de oír nada, lee esto...

... de la parte prima: atentos a las trompas en el minuto tres, y a la cuerda en el minuto cinco. Verdaderamente brillante.

... de la parte seconda: atentos a la cuerda en el minuto tres, uno de los momentos más bonitos de la obra.

¡FELICES VACACIONES!

30 de marzo de 2009

Requiem aeternum (actualizado)

Ayer por la tarde fui a ver "Watchmen" ("Los vigilantes").

No sé si los que me leen habitualmente conocen mi gusto y afición por las bandas sonoras de todas las películas en general (destacando como en todo algunas de ellas en especial). En ese caso, después de haber leído este breve párrafo, ya lo conocen.

Y es que hay música que es capaz de introducirnos aún más en las escenas que estamos viendo, por encima de cualquier efecto especial que intente engrandecer la película.

Hay veces que yo mismo añado a las cosas que leo música clásica que conozco, o bandas sonoras de otras películas, para cómics, libros, etc.

Pero el domingo mi sorpresa fue mayúscula cuando, tras más de dos horas y media de acción en la película de Watchmen, comencé a oír un breve fragmento de la magnífica obra de Mozart, "Requiem". ¿Y por qué tanta sorpresa? Porque cuando hace aproximadamente un año leí el cómic, y llegué al momento en el que todas las piezas de la historia comienzan a encajar y el pastel, en cierto modo, se descubre, llegó a mi cabeza la misma música de Mozart.

Los compases del coro acompañados por la orquesta, cantando la primera parte de esta obra, el "Requiem aeternum", sonaron en la sala IMAX después de más de dos horas y media de atronador volumen; en ese momento, aunque fue breve (¿tal vez demasiado corto? ¡el efecto de Mozart le daba un toque inigualable a ese momento del filme!) no pude reprimir una exclamación de asombro acompañada de cierta inclinación sobre mi asiento hacia la pantalla, como queriendo captar toda la importancia de la escena y la relación entre la música y la acción.

A continuación transcribo una parte de la letra de esta primera parte (Requiem aeternum) y de la cual se escucha un breve fragmento, como ya digo, en Watchmen (para mí, una gran adaptación de una compleja historia de cómic)

Requiem aeternum (Reposo eterno)

Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis.

Te decet hymnus, Deus, in Sion, et tibi reddetur votum in Jerusalem:

Exaudi orationem meam, ad te omnis caro veniet.

Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis.

Kyrie eleison

Christe eleison

Kyrie eleison

(Señor, dales el reposo eterno, y haz que la luz brille sin fin sobre ellos.

Dios, en Sion cantamos dignamente tus alabanzas; venimos a Jerusalén a ofrecer el sacrificio.

Escucha mi oración, Señor, y que llegue a todos los mortales.

Señor, dales el reposo eterno, y haz que la luz brille sin fin sobre ellos.

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad)

Actualizado - Para que no sólo sea leer sino también escuchar:

Gracias por tu colaboración, Manu, siempre es bueno que vosotros también participéis con comentarios e ideas constructivas. He colgado en primer lugar el enlace del vídeo que pusiste en el comentario, que se corresponde con un fragmento de la primera parte del Requiem de Mozart. Por supuesto, y si os interesa, podéis encontrar prácticamente toda la obra partida en diversos vídeos por youtube.

29 de marzo de 2009

Soberbio final para la quinta de Mahler

img047 La orquesta sinfónica nacional danesa termina de forma soberbia la espectacular culminación de la quinta sinfonía de Mahler en su quinto movimiento.

Los instrumentos de la orquesta danesa, dirigidos por Thomas Dausgaard, pusieron la guinda del concierto que ayer sábado tuvo lugar en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Los daneses estuvieron bien compañados por el pianista brasileño Nelson Freire en la primera parte, quien interpretó junto a ellos el "Concierto para piano y orquesta en La menor (op.16)" de Edvard Grieg (y dedicó una propina al público ovetense antes del descanso)

En la segunda parte, la música de Mahler ("Sinfonía nº5 en Do menor") inundó las paredes del Auditorio, en el que se pudieron escuchar con genial maestría los acordes de una sinfonía peculiar, larga como pocas, cuyo final destaca por la sonoridad que alcanzan los instrumentos (la cuerda, los metales, los timbales...) junto con un cuarto movimiento, el Scherzo, que me gustaría calificar como "delicadamente magistral".

La interpretación de los músicos daneses, el sólo de trompa, el estruendoso final bien llevado no obstante hasta volúmenes audibles y soportables, y la dirección de Thomas Dausgaard cerraron un concierto en el que Nelson Freire fue destacado protagonista y el viento un espectacular punto y final.

"Tenemos aquí música y nada más. Unas veces apasionada, otras turbulenta, heroica, exuberante, ardiente, solemne o tierna. Recorre toda la gama emotiva pero en todo caso es sólo música"

(Bruno Walter)