Frente a la ilegalidad, CONSTITUCION.
Son horas dificiles y preocupantes.
En estos momentos oscuros, este blog está con España.

30 de diciembre de 2013

Si acaso quieres soñar…

Al final de la obra, cuando se baja el telón, se apagan las luces y el público se marcha, queda en el ambiente una especie de vacío difícil de describir. Una sensación que se produce cuando se concentran los momentos vividos a lo largo de la representación, después de los ensayos y de una larga preparación.

No hay camino que llegue hasta aquí… y luego pretenda salir.

fin 2013
… como el sol de un nuevo día sobre la línea del horizonte…

Ha habido que acordarse de frases que no se repitieron hasta la saciedad, ha habido que improvisar sobre lo que se había establecido claramente en el guión, ha habido que actuar bajo la atenta mirada de cientos de personas, después de largas noches sin dormir, de mañanas enteras sin comer, de calor veraniego y frío invernal. Se nos ha pagado por sonreír cuando el resto del mundo lloraría. Al final de la obra, un momento de ensueño, de tranquilidad y calma.

A sabiendas de que mañana prepararemos una nueva obra. Y allí estaremos: acordándonos de frases que no se ensayaron, improvisando, actuando bajo la atención de los asistentes, resistiendo al frío, al calor, al hambre y a la fatiga. Sonriendo… cuando el resto del mundo lloraría. Porque pase lo que pase, y como alguien dijo una vez, el show debe continuar.

I guess I’m learning…

Termina el año con un tiempo inolvidable, un sol brillando sobre el horizonte Mediterráneo, una visita inolvidable y una perspectiva de progresión personal y profesional. Mi propósito principal para este nuevo año que comienza es quejarme un poco menos. Para el blog, mi principal propósito es no dejarme llevar por la vagancia y continuar escribiendo. Suerte a todos y cada uno de vosotros, cerrad bien el año... y mucha fuerza para lo que se avecina.

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Los Walkmen seguirán caminando, estén donde estén… y para siempre. ¡Feliz 2014!

24 de diciembre de 2013

Una llama de esperanza

¡¡¡Feliz Navidad!!!
Joyeux Noël!!!

... un niño nos ha nacido...

22 de diciembre de 2013

Temporada 2013: Nadal, de la nada más absoluta al todo más relativo.

En 2013 volví a ver mucho tenis. Algunos partidos del Open de Australia, la final de Monaco, bastantes partidos y resúmenes de Roland Garros, muchas rondas del Us Open, así como no pocos Masters 1000. La temporada de Nadal me parece un ejemplo de lo relativo de una victoria vista desde la perspectiva de toda una trayectoria deportiva. Así que mientras 2013 va echando sobre el escenario su telón, invito a leer una reflexión a través de cuatro partidos que he visto este año entre el número 1 y 2 del mundo del tenis: la final del Masters 1000 de Monaco; la semifinal de Roland Garros; la final del Open de Estados Unidos; y la final de la Copa de Maestros.

Ejemplos todos de que a veces de que muchas veces, el logro de un éxito debe ser tan sólo el comienzo de la búsqueda de nuevos retos.

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MONACO – 21 DE ABRIL DE 2013

sello monacoEl año comienza con la ausencia de Nadal en el Abierto de Australia, y con la total incógnita de cuándo y en qué condiciones tendrá lugar su regreso. Las semanas se cuentan por el número de torneos a los que el español no se presenta, a consecuencia de la grave lesión que arrastra su rodilla. Recordemos que el retorno de Nadal se confirma para marzo, participando en Viña del Mar con derrota en la final. La ausencia ha sido tan larga y la incertidumbre tan grande que algunos nos fijamos más en las sensaciones que en el propio juego.

El cielo gris de ese domingo anuncia tormenta. Allí está Rafa, otra vez, dando pequeños saltos justo antes de que se haga la presentación de los jugadores. El comienzo del partido se retrasará por culpa de la lluvia. Después, con el paso de la nube y la retirada de las lonas, llegan los aplausos y el espectáculo se dispone a comenzar. Nadal, pese a la liturgia de botellas, plátanos y toallas que siempre le acompaña y que ha contribuido a convertirle en lo que es, no está bien. Su juego es un tanto errático, su derecha no funciona como en otras ocasiones y por momentos un 6-0 de inicio no parece tan descabellado.

Pero Rafa se rehace. Siempre se rehace. Y después de coger un poco de ritmo en los últimos puntos del primer set (6-2), entra de lleno en el encuentro a comienzos del segundo set… pero es tarde frente a un Djokovic cuyo revés, hoy, es implacable. Rafa intentará alargar el partido pero tras un tie break desastroso (que termina 7-1) no habrá un tercer set. El español ha estado quizás lento de piernas y por eso no ha podido encontrar modo alguno de poner en apuros al serbio.

ROLAND GARROS – 7 DE JUNIO DE 2013

rolandgarrosTras perder la corona de Monaco, conquistada durante nada menos que en ocho ocasiones consecutivas, Rafa se encontró a sí mismo en Roma y Madrid y afrontaba Roland Garros jugando como hacía mucho tiempo que no se le veía jugar en París. Las primeras jornadas del Grand Slam que cierra la temporada de tierra batida hacen olvidar por momentos que hace tan sólo cuatro meses Rafa estaba completamente fuera de la competición.

Del partido destaco dos momentos. En el cuarto set, con 5-4 a su favor, Rafa sirve con 30-15 en el marcador. En ese momento cojo el teléfono y llamo a mi padre, exhultantes como estamos los dos cuando el final parece tan cerca. Pero la superioridad es tan relativa que a Rafa no sólo se le escapa su servicio sino que además pierde el cuarto set. La batalla, decantada a favor de Nadal en tantos momentos del encuentro, se iguala a dos sets, y el quinto comienza con Nadal en ese tipo de barrenas que sólo un Djokovic crecido ante la posibilidad de hacer historia es capaz de lograr.

El segundo momento llega en el quinto set, cuando el partido comienza a convertirse en un monumento al tenis desde que Rafa es capaz de contrarrestar el empujón del serbio y recuperar su servicio. Con los dos jugadores poniendo sobre la pista lo mejor de sus capacidades, la épica batalla adquiere niveles dramáticos cuando un smash de Djokovic entra… punto éste que termina con el serbio dando un traspiés y cayendo sobre la red.

La fotografía de ese momento nos muestra un Nadal que cierra los ojos al ver que el smash entra… y que abre los ojos, alzando la vista y señalando con el brazo izquierdo, sin apenas gesticular, todo lo que ocurre tras el smash en el otro lado de la pista. Djokovic ve la bola para el smash, se coloca para golpear la bola… y allá va, queriendo ganar todo Roland Garros con ese golpe; tropieza, se precipita sobre la red, cae, cae… tocando la red. Mira al árbitro como diciendo “a mí nadie me dijo que no se podía tocar la red”

El drama deja paso al delirio cuando el quinto set se va al 5-5, al 6-6, al 7-7… con el número uno del mundo aspirando a la final del Grand Slam que le falta, con el Mosquetero llegado del vacío aspirando al imposible de recuperarlo… y el delirio se transforma en leyenda con la última bola de Rafa que le da el 9-7. Una bola que deja a Rafa a un paso de recuperar la Copa que conquistará frente a Ferrer. Su tío, Toni, estalla en lágrimas al final del encuentro. Porque llorar es, a veces, lo único que se puede hacer cuando ya no se puede hacer nada. Y qué más se puede hacer cuando se vuelve de la nada y se consigue todo.

US OPEN – 9 DE SEPTIEMBRE DE 2013

“If I can make it there…” Frank Sinatra, NEW YORK, NEW YORK

tenis-and-the-city-nueva-york-us-openHacía ya tiempo que Rafa había roto esa barrera que parecía impedir a los españoles ganar el Us Open. Lejos quedan las victorias de Manolo Santana (1969) y Manuel Orantes (1975). Nadal está ante una nueva final, un nuevo partido frente a Djokovic, tras un torneo en el que a la postre se habían clasificado nada menos que tres españoles para los cuartos de final (Ferrer, que caería eliminado ante un Gasquet intratable; Robredo y Nadal, que disputarían el duelo fratricida de los cuartos).

Dominio absoluto del español durante un primer set que se resuelve con un claro 6-2. Con pocas dudas había muy poco margen para reflexionar, sobre todo cuando las cuentas salían sobre el papel. Pero la lógica no lo es todo en el deporte, y menos aún tal vez cuando se juega contra el número 1 del mundo. Podemos preguntarnos si el segundo set hubiera podido terminar de otra manera de haber logrado Rafa convertir una bola de break que tuvo a su disposición… pero como dice la canción, nunca es lo que pudo haber sido, y Djokovic logra igualar la contienda a un set.

El tercer set es extraño. Tras revisarlo, vuelvo a tener la misma conclusión: tengo la contradicha impresión de que Djokovic juega ese set mejor que Nadal, y sin embargo lo pierde. ¿Es por no saber cerrar el set? Un Djokovic con la madurez actual… ¿Es por fallar en los momentos inoportunos? Quizás… ¿Es la abrumadora precisión de Nadal? Puede que sea una mezcla de los tres. Y puede que esa contradictoria mezcla de sentimientos sea lo que lleve al serbio a desaparecer, literalmente en el cuarto set.

El tenis se rinde una noche más a un Rafa deslumbrante. Otra gira más, la americana, en pista rápida, saldada con un récord de victorias y con el Grand Slam de Nueva York. Pedir más es casi lo imposible sobre lo imposible. Dos objetivos aparecen entonces en los hambrientos rumores periodísticos: Paris-Bercy y la Copa Masters.

ATP WORLD TOUR FINALS – 11 DE NOVIEMBRE DE 2013
EL EPÍLOGO DEL MILAGRO

WTF2013_London_Land.8MAN_1024-768Ya es noviembre. Mediado el otoño el calendario de la ATP fija el último torneo del año. El escenario es un O2 de ensueño que recibe con una presentación espectacular a los ocho mejores jugadores del año. Y Nadal llega mirando al resto desde su recién recuperado primer puesto de la ATP.

Ha sido un año de tantas emociones que las sensaciones se concentran instantes antes de la final. Todo parece tan fácil visto desde fuera, desde lejos… pero es imposible entender la dimensión de lo logrado en 2013 por Nadal y su influencia en la historia del tenis sin pararse a reflexionar que venía de la nada, y que cada partido sufrido, cada torneo ganado, cada pelota disputada, ha sido casi un milagro habida cuenta del resultado.

Otra final, la última del año. Djokovic se presenta esta vez con dos importantes precedentes: la derrota en la Arthur Ashe, donde bajó los brazos impotente, y la final de Paris, donde recuperó su mejor nivel y se mostró muy superior. Y recuerden que hay quien dice que más vale tarde que nunca. Y en cierto modo, así es: Djokovic no falló en ningún momento, menos aún en los momentos importantes. Se mostró completamente inabordable, pese a las dudas que había mostrado en los partidos previos. La temporada termina y me quedo con una sensación agridulce: la temporada prácticamente perfecta se termina con el ligero vacío de una última derrota que no rinde homenaje a lo logrado por Nadal durante todo el año.

Terminada la temporada se apagan los focos. Agotados el resto de calificativos para referirse a Nadal no queda más remedio que rendirse a la evidencia y reconocer que ha superado cualquier tipo de expectativa y trasciende ya, formando parte de la historia viva de este bendito deporte, y siendo en sí mismo una leyenda.

Rafa, el mejor de 2013.

8 de noviembre de 2013

Buscando una oportunidad

Es un verdadero reto escribir estas líneas de tal forma que no nombre las partes implicadas, y a la vez, que usted como lector entienda lo que quiero contar. Vamos a ver si lo consigo aunque sea un 10%.

Vivimos una situación muy compleja desde el punto de vista de las relaciones profesionales. A mí y a los de mi generación, al menos tal como yo lo percibo, nos han educado para que busquemos opciones, para que no nos conformemos.  Pertenecemos, además, a una generación que nos caracterizamos en general por haber disfrutado de una infancia y adolescencia más o menos privilegiadas. Es ahora, en la recta final de las etapas de formación, cuando nos damos de bruces con la realidad de un mercado laboral que no premia, en la mayoría de los casos, el peso del currículum con un puesto que permita percibir un retorno de la inversión realizada para lograrlo.

La cruz

Si queremos afianzar estos argumentos con algunas cifras, basta con observar el paro en España, cuyo nivel de 27% asusta; y si hablamos del paro juvenil, de casi el 50%, espanta. De las generaciones más formadas se aprovecha sólo la mitad del talento. La otra mitad ya se ha marchado.

¿Tienen estas cifras un aspecto más práctico y cercano o son variables puramente macroeconómicas? Lo tienen. Basta con apreciar las dificultades de los recién licenciados, con máster, idiomas y experiencias profesionales, a la hora de encontrar un puesto de trabajo. En Francia ocurre que estudiantes preparados de Escuelas de Comercio, de Economía, de Comunicación, suspiran por encontrar un puesto que no sea un simple “stage d’apprentisage”. Tal vez sea el consuelo del pobre, pero España no es la única fábrica de talentos que invierte con retorno cero. Se trata de un mal común. Hablando de salir de la crisis y de transformar nuestra forma de actuar, tal vez éste sea uno de los hábitos que Europa (¿y el mundo?) debería replantearse seriamente.

Hay dos bienes escasos e importantísimos a los que el mercado laboral da un valor prácticamente nulo ahora mismo: por un lado, el esfuerzo económico de cada familia por formar a sus hijos; por otro, el tiempo empleado por cada estudiante en títulos, certificados de idiomas, especialización. 20 años de esfuerzo por forjar un currículum bien formado y preparado para el futuro… que en el contexto actual obtiene, en el mejor de los casos, “una beca sin garantías de continuidad”.

La cara

Y sin embargo, a pesar del escenario tan negro que acabo de pintar y que todos conocemos muy bien, existen oportunidades. Oportunidades que no se encuentran si no se tiene un poco de suerte y sin algún que otro dolor de cabeza, pero que existen.

Creo que el hecho de vivir un momento como el actual implica exprimir y aprovechar al máximo la oportunidad que se nos dé para demostrar que aparte de formación tenemos capacidades. La empresa que nos dé la oportunidad de comenzar está asumiendo el riesgo de contratar a alguien que no lo va a hacer todo bien a la primera, que se va a equivocar y que va a necesitar que otro corrija sus errores. Nosotros tenemos que asumir que la equivocación forma parte del proceso de aprendizaje, y ser conscientes de ello nos ayudará a continuar implicados al máximo a pesar de tropezar dos (o tres…) ocasiones en la misma piedra.

Mi momento

Estoy frente a la letra Alfa’ de mi vida profesional. Ante el primer paso que di en la industria hotelera. Escribiendo unas líneas que ayuden a canalizar las sensaciones al final de un ciclo que termina. Volviendo a la idea inicial, las relaciones profesionales han sido siempre complejas pero ahora con el agravante de que parece como si la oportunidad que se nos ha dado es la única que vamos a tener. Y no creo que esto sea así. No hay que rendirse, hay que seguir buscando horizontes nuevos, retos nuevos. Para eso educaron a mi generación. Para no desesperar y seguir buscando.

Hay un punto máximo que se alcanza cuando se trabaja. Un momento en el que se dominan todas las tareas del puesto que se ocupa  y lo único que la rutina ofrece es la mejora de la eficacia a fuerza de repetir tareas. Creo que en ese punto se corre el peligro de estancarse. Y todos sabemos cuándo hemos alcanzado ese punto. Ese punto indica el final de un ciclo. Los ciclos se agotan en el deporte, en la economía, en la vida… y en el ámbito profesional. No creo que sea malo. Sólo creo que es como es. El reto está en saber terminar un ciclo profesional que siempre ha sido en términos generales satisfactorio, con la suficiente madurez y profesionalidad para que ambas partes pongan un punto y final normal a la relación profesional.

Sé que, para quienes aún no han tenido esa primera experiencia, o para los que ya la tuvieron pero ahora no encuentran continuidad, estas palabras pueden resultar más bien idealistas. Pero estoy seguro de que todos, alguna vez, hemos tenido esa sensación de querer avanzar, de no conformarse con el pájaro que tenemos en mano y desear evolucionar. En mi caso, sé que hay momentos en la vida en que hay que saber conformarse. Y este, concretamente, no es uno de ellos. Yo animo desde aquí a que no nos rindamos, a que no bajemos los brazos, a que sigamos buscando.

Billy Joel–Vienna. “But don’t you know that only fools are satisfied?”

Porque en algún lugar nos espera la siguiente etapa. Estoy seguro.

6 de noviembre de 2013

“Nights in White Satin”, The Moody Blues y “Unir los puntos”

Hay una frase del conocido discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford por la que siempre he sentido una especial identificación: “unir los puntos”.

Por casualidad, el otro día descubrí el álbum del que forma parte la canción Nights in White Satin, de Moody Blues. Siempre he escuchado la canción como parte de muchos y muy diversos recopilatorios, como una de esas canciones que uno escucha sin parar demasiado a pensar en quién es su compositor y qué ha hecho de bueno además de lo que ya conocemos. Con respecto a esta canción, recuerdo escuchar al final la voz de un hombre diciendo cosas que entonces, siendo un niño que no sabía inglés, no podía entender.

Hasta que el otro día, como esas cosas que no entendemos demasiado en el momento en que suceden, me dio por indagar un poco y descubrí el “porqué” de la existencia de la voz de ese hombre.

Y es que el álbum Days of Future Passed comienza con una preciosa melodía y con la voz de un hombre a modo de introducción para lo que escucharemos después. Esa voz lee un poema titulado “The Day Begins”, compuesto por Redwave, Knight. Las canciones del álbum pretenden hacer el recorrido por un día en la vida de una persona, a través del particular estilo de rock sinfónico (que a mí, particularmente, me encanta), terminando con el poema “Late lament”, compuesto por Graeme Edge.

Late lament


Breathe deep the gathering gloom
Watch lights fade from every room
Bedsitter people look back and lament
Another day's useless energy spent

Impassioned lovers wrestle as one
Lonely man cries for love and has none
New mother picks up and suckles her son
Senior citizens wish they were young

Cold hearted orb that rules the night
Removes the colours from our sight
Red is grey and yellow, white
But we decide which is right
And which is an illusion




Aparte del sugerente título del álbum, “algo” en mi interior entendió algo más de la canción Nights in White Satin. Algo que quizás ayude a encontrar un poco de sentido y dirección en el camino que me va a tocar recorrer a partir de ahora… un sentido que quizás sólo somos capaces de encontrar cuando, después de recorrer el camino, miramos atrás y unimos los puntos.

23 de octubre de 2013

Una partida que hay que ganar

Hoy he trabajado nueve horas y media, con pausa para un café. He completado ocho páginas de anotaciones de pago de habitación, con hasta cinco tipos distintos de tarjeta de crédito. He registrado cien salidas y he completado unas quince llegadas. He terminado un día en el que he hecho lo que tenía que hacer. Y dedico ese esfuerzo a todos aquellos que tenían capacidad para hacer lo que tenían que hacer, y escogieron no hacerlo.

¿Saben una cosa? Empecé el día a las cinco y media de la mañana preparándome un copioso desayuno que me permitiese hacer frente a los más que posibles imprevistos. Y mientras tomaba una buena taza de café con leche escuchaba la canción de Revolver “Lluvia violenta y salvaje”. Después de haberme levantado con la mente puesta en el trabajo, volvía así a enfrentarme a la realidad de la decisión tomada por Estrasburgo el lunes, y cumplida en menos de veinticuatro horas por nuestra Audiencia Nacional.

Revolver–Lluvia violenta y salvaje. “Aquel día amenazaba tormenta…”

Hubo una mañana en la que Inés del Río tuvo la oportunidad de escoger entre dos opciones: poner una bomba o no ponerla. Escogió la primera.

Mientras terminaba mi taza de café, pensé que a este animal se le ha dado la oportunidad de volver a disfrutar de una taza de café, libre, como tú, como yo. Como si la decisión que Inés tomó aquella mañana hubiera sido entre ponerse una camiseta verde o azul. Hoy me he levantado en un mundo donde la democracia, mi democracia, le ha dado la libertad a una terrorista.

Al hilo de esto, el otro día tuve la ocasión de discutir con un amigo sobre la decisión tomada por Estrasburgo. En aquel momento la Audiencia Nacional aún no se había pronunciado, aunque como ya todos sabemos no tardó en actuar. La reflexión traída a colación se basaba en la ilegalidad de la Doctrina Parot, de la que tanto se ha vuelto a hablar estos días. Él me decía que el Estado no debe ponerse al nivel de los terroristas, que la ley debería ser modificada y aplicada de acuerdo a los principios del derecho y que promulgar una ley aplicable excepcionalmente de forma retroactiva podría dar lugar a situaciones muy peligrosas.

Desde antes de ayer he pensado mucho en los razonamientos arriba expuestos, y cuantas más vueltas le doy al asunto, más clara veo mi postura al respecto.

Creo que un Estado se pone al nivel de los terroristas cuando emplea sus mismos métodos y sus mismas tácticas, buscando no su captura y castigo sino su liquidación. En España lo tuvimos en forma de GAL y ya sabemos cómo terminó. Creo que un Estado que promulga una ley para combatir el terrorismo y para ello permite que se aplique excepcionalmente de forma retroactiva no es fuente de situaciones peligrosas siempre y cuando las acusaciones de terrorismo estén fundadas; es más bien una forma concreta de combatir un problema específico. Algo que en una democracia donde existen tres poderes diferenciados se puede lograr.

Yo creo que una condena por asesinato no es tan cuestionable ni tan abstracta como una acusación de enaltecimiento de terrorismo; volviendo al caso que nos ocupa, Inés del Río es abiertamente culpable de todos los cargos, no ha mostrado absoluto arrepentimiento, y sin embargo esta noche se puede ir de tapas con su familia. Algo no funciona bien cuando esto ocurre. Algo no funciona bien cuando las únicas revisiones que la Justicia permite para una pena semejante (poner una bomba en una plaza en pleno centro de Madrid) son única y exclusivamente a la baja.

Me sorprende, además, la velocidad con la que Inés del Río salió de la cárcel. Al respetable debería sorprenderle la rapidez con la que todo ha sucedido, y la lentitud con la que se lleva a cabo cualquier otro trámite que tiene que ver con la Administración. ¡Tan solo veinticuatro horas! Como para no pensar que esto no estaba, de alguna manera, urdido (si no atado y bien atado por alguna de nuestras altas instancias, habida cuenta del silencio que el Gobierno de Rajoy se trae desde el lunes)

Mientras la dignidad de las víctimas del terrorismo etarra yace pisoteada en algún pestilente rincón de las cloacas, la lluvia cae sobre el Mediterráneo en Niza. Y pienso que no es justo que la supuesta recta final de ETA traiga “alegría” para los partidos del entorno abertzale. Esta es una partida que nuestra democracia, que España, tiene que ganar. No puede, no debería haber tablas. Y sin embargo, la lluvia que cae esta tarde anuncia tablas en una partida de ajedrez donde el Rey está en jaque más que figuradamente (¿ha habido alguna palabra de solidaridad por parte de nuestro Presidente para con las víctimas? ¿Ha habido algún gesto hacia ellas del Jefe de Estado? Ni están, lamentablemente, ni se les espera)

La lluvia, como el tiempo, quizás logre borrar algunas huellas de lo sucedido. Pero algún día el sol volverá a salir, y tal vez recordemos todo el dolor causado. Y tal vez,  descubramos que esa lluvia no logró borrar la sangre derramada por tantos inocentes; quizás, ese día, nos demos cuenta de que la Justicia no hubiera debido estar tan ciega y que no deberíamos tener a nuestro lado, tomando una taza de café, a quien jugó a destruir la democracia porque sabía que, de todas maneras, la democracia le iba a proteger como a un hijo más.

Yo no necesito esperar a que salga el sol. Yo creo, hoy, que esta partida hay que ganarla.

Antonin Dvorak - Requiem

21 de octubre de 2013

Al amparo de los asesinos

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“Bienaventurados los que sufren, porque ellos serán consolados”
Mateo 5, 1-12

Recuerdo que estaba en la recepción, en uno de esos intervalos de tranquilidad en los que el ratón del ordenador se escapa de Opera y abre las páginas de los periódicos. Y me encontré el titular bien grande, ese que decía que Estrasburgo había fallado a favor de la terrorista Inés del Río, afirmando que ésta habría sido víctima de una detención “no regular”.

“No regular”. Como si Inés del Río hubiera sido una persona “regular”, que lo único que ha hecho en su vida es levantarse para ir a trabajar.La noticia me causa esa especie de angustia que se produce en la garganta cuando uno no se siente del todo seguro en el entorno donde está.

¿Saben los jueces de Estrasburgo lo que han fallado? Lo dudo.

¿Saben los expertos en leyes a favor de quién han fallado? Lo dudo.

¿Saben los jueces de Estrasburgo que con su decisión dejan libre a una persona que considera lícitos la extorsión, el secuestro y los asesinatos? Lo dudo.

¿Cómo puedo respetar la labor de quien falla algo –cualquier cosa, por nimia que sea- a favor de un asesino que un día decide que su ideal político merece ser defendido con una pistola en una mano y la sangre de mis iguales en la otra? De ninguna manera.

¿Cómo se puede hablar de justicia para explicar la decisión de hacer pagar a España, además, una multa económica que restituya el coste del proceso a Inés del Río? ¿Con cuánto dinero se restituye la vida de los 12 Guardias Civiles que murieron en la Plaza de la República Dominicana, en Madrid, el 14 de Julio de 1986? ¿Con cuánto dinero se restituye la vida de las otras 861 personas asesinadas por ETA? ¿Con cuánto dinero se arregla el daño moral causado a las víctimas de lo que en su día se tuvo a bien llamar “errores de cálculo”?

¿Saben qué, señores jueces de Estrasburgo? Yo no quiero que un sistema justo deje en la calle a un asesino. Yo quiero que un sistema justo permita vivir en paz a quienes respetan las leyes y juzgue –sin piedad- a quienes se la saltan. ¿Y saben por qué no quiero piedad? Porque no hay piedad cuando nosotros no respetamos el horario de cierre de los bares. Ni cuando nos saltamos el límite de velocidad. Ni cuando no pagamos los impuestos. Los que cumplimos la ley somos los únicos que merecemos el amparo de nuestro Estado de Derecho. El resto está fuera de él desde el momento en el que cogen una pistola y cargan contra la vida de otro ciudadano.

Y sin embargo, así se ha mostrado Estrasburgo. Al amparo de los asesinos.

20 de octubre de 2013

Si tiemblas, fallas.

Cae la noche en Niza.

Es de esas tardes en las que la temperatura ha cambiado de repente y lo que ha sido un bochornoso día de otoño se ha convertido en una fría y húmeda noche de Octubre. Como el viento que cambia de repente y lo que estaba siendo una travesía agradable se convierte en la peor de las tormentas. O quizá, no sea para tanto. Es momento de reposar un poco la cabeza, en este domingo que cierra una semana mentalmente agotadora.

Me he acordado de cuando mi padre me enseñó a jugar al tenis, había dos frases que repetía constantemente: “Mira bien la pelota” (pon atención en lo que haces) y “Coge fuerte la raqueta” (confía en tí mismo). Cuando jugamos al tenis, tan pronto un golpe sale a la perfección, como al siguiente raquetazo hacemos “n’importe quoi” y la pelota termina allá por el Quinto Pino. El caso es que hoy me he acordado de la frase de “Coger fuerte la raqueta”.

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Al practicar un deporte hay una serie de ejercicios que se repiten, como al dedicarse a cualquier disciplina. Primero se aprende lo que hay que hacer por partes, luego se tiene una visión de conjunto, y después se comienzan a emplear los conceptos aprendidos. El tenis es así: consiste en “mirar bien la pelota” y repetir, repetir, repetir los movimientos hasta la saciedad. Hasta que se coge la mecánica y luego pueden empezar a ejecutarse los golpes con más o menos solvencia. Como todo lo que nos han enseñado en la vida para el día a día…

La pelota del adversario se acerca, comienzo a desplazarme y algo se desata en mi interior; el reflejo de buscar el bote y desplazarme automáticamente unos metros por detrás de ese punto; buscar el mejor momento para golpear la pelota, analizando la velocidad, la altura, si hay viento, todo en apenas unas décimas de segundo. Y todo ello no sólo en el tenis sino también en el día a día, buscando la mejor manera de hacer las cosas, anticiparme, resolver problemas. En el momento de golpear la pelota debo estar seguro de que sé hacerlo lo suficientemente bien para coger la raqueta lo bastante fuerte como para golpearla bien.

Pero a veces, muchas veces, fallo. Supongo que es normal. Y no es un fallo de ejecución, no. Es un fallo por “no coger fuerte la raqueta”. Por no creer en lo que hago lo suficiente como para que su ejecución sea tan perfecta como mi entrenamiento es capaz de lograr. Hay ocasiones en que veo la pelota venir, comienza el proceso de análisis y en el momento más importante la muñeca se vuelve blanda. En el momento en el que más seguro he de estar, mi mano no está segura de que vaya a funcionar. Y la pelota cae en ninguna parte…

Se acerca una pelota de esas que exige concentración y relajación suficiente para acordarme de coger fuerte la raqueta en el momento más importante. ¿Seré capaz?

12 de octubre de 2013

Un día tal que el 12 de Octubre

Ayer estuve actualizando el libro de consignas de la recepción, añadiendo los días del calendario que faltaban (es lo que tiene trabajar con un cuaderno normal en vez de con una agenda). Y así me tocó añadir 10 de Octubre, 11 de Octubre, y 12 de Octubre… bajo el cual no pude resistirme a escribir “Día de la Hispanidad” (añadiendo una pequeña exclamación amistosa para que el respetable francés no me considere un invasor hostil…)

Hoy es día 12 de Octubre, el día del Desfile por Madrid, el Día de la Hispanidad, que algunos en su momento gustaron en llamar de otra forma bastante más rocambolesca. Es la tercera vez que paso este Día fuera de España, y no sé si al resto (que somos unos cuantos) de los que se encuentran más allá de la Península les resulta tan extraño como a mí.

Los patriotas y el mérito de quedarse

Deshilando la madeja de este pensamiento, encontré una reflexión que circula por mi cabeza desde que hace un año, nueve meses y once días un Iberia se posó de nuevo en el aeropuerto Nice Côte d’Azur. Muchas veces, en el trabajo, tomando algo… .me preguntan si estoy aquí en Francia por la crisis. En ese momento respondo con normalidad que yo no me vine aquí por la crisis. Que yo elegí la profesión que me gustaba y que estoy aquí para descubrir y tener la oportunidad de trabajar en el extranjero. Y ese matiz me parece importante porque, aunque sí es cierto que si la situación no fuera tan grave me estaría planteando volver más seriamente… Eso, en realidad, no lo sé. El contexto es el que es y evaluar un escenario en el que todas las variables serían distintas es un análisis que no tengo ganas de hacer.

En cambio, hay otros que se van o que se han ido porque no les ha quedado más remedio. Porque han visto que todas las puertas estaban cerradas. Hay otros españoles a los que España les ha dicho que no había sitio para ellos. Ese caso es distinto... y es muy triste.

Y por último, sé (y ustedes también lo saben igual que yo) que hay quienes están tratando de quedarse por encima de todo y contra todos. Sean cuales sean los intereses que les muevan para quedarse, hay unas cuantas personas que no desean marcharse y que así lo muestran. Y eso, en mi opinión, tiene un enorme mérito.

Creo que esos, los que se quedan, son bastante más patriotas que los que hemos decidido probar la “droga” de vivir en el extranjero… bastante más patriotas que los que decidimos abandonar el barco y a quienes se quedaron a las duras y a las maduras. Tal vez no estén absolutamente de acuerdo en que los que se quedan son más patriotas que los que se van, pero reconózcanme al menos que tienen más mérito.

El patriotismo y los franceses

Me toca ir terminando la reflexión de hoy. He visto en las noticias que se ha llamado nazis a los políticos que han manifestado su voluntad de participar en las concentraciones que buscan defender, precisamente, el hecho de ser español, contra quienes… ya saben. A veces, desde la distancia, abro el periódico y pienso “qué bien que todo sigue igual que estaba hace casi dos años”. Los mismos tipos de insultos, las mismas discusiones inútiles de siempre.

Hay una cosa que admiro del país en el que estoy: con sus clichés de frialdad y pretenciosidad, valoro mucho la capacidad que tienen para considerar que las cosas importantes, ya saben, las materias de Estado, hay que resolverlas “juntos”. Es hora para Francia de pensar medidas que ayuden a esquivar definitivamente el bache por el que su economía está pasando de un tiempo a esta parte. En este momento, Francia no se plantea su modelo territorial, ni su modelo educativo, ni su modelo de transportes… por citar tres un poco a la carrera y sin pensar demasiado. Tomarán decisiones fiscales más o menos acertadas, elaborarán planes que tendrán más o menos éxito… pero lo harán juntos y cuando todo pase podrán decir que, a pesar de todo, lo intentaron.

Hoy, en este 12 de Octubre, me pregunto ¿en qué punto estamos nosotros al respecto? No me vengan con la excusa de la madurez de la democracia francesa:  no es más maduro quien puede sino quien quiere, y a veces no es una simple cuestión de edad.

“Cuando estoy en tierra extraña y contemplo tus colores…”

Tres años después de vivir mi primer 12 de Octubre de 2013, ocupo el estatus de Expatriado. Mis impuestos, producto de mi trabajo, se quedan en Francia. Y mientras cae la noche en Niza, me pregunto si algún día todos los que se han ido sin querer marcharse podrán volver…

7 de octubre de 2013

Reescribiendo sobre baloncesto… o sobre otras cosas. De Suecia 2003 a Eslovenia 2013.

Van Morrison–Dweller on the threshold. “Let me pierce the realm of glamour, so I know just what I am”

junior de oro

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Escribo estas líneas cuando ya han pasado algo más de dos semanas desde que terminara el último Eurobasket. Y lo hago reconociendo que, al contrario de lo que he hecho cuando se han celebrado otros torneos internacionales de baloncesto, he leído muy pocos artículos al respecto. Si tuviera que quedarme con uno, que sirviera además de introducción para la particular historia que contaré más abajo, elegiría el análisis que José Díaz Tenorio escribió en Tirando a Fallar: “del 4 al 15”.

Hasta aquí, los comentarios técnicos (y reconocerán que no me he alargado mucho) Al margen de la derrota de España en las semifinales contra Francia (*), el otro día reparé en una pequeña anécdota que, desarrollada, da lugar a todo lo que van a encontrar  a continuación.

Nuestra historia comienza una tarde de Septiembre, concretamente la del 14, en el año 2003. Entonces, estando nosotros a punto de empezar el Bachillerato, España venía de ganar la medalla de bronce en el Eurobasket de 2001 contra la Alemania de Nowitzki, y de quedar quinta tras vencer a Estados Unidos en el último partido del Mundobasket de 2002.

El rival de aquella tarde era Lituania, ¿recuerdan? Alineados, enfrente de los nuestros, estaban algunos de los jugadores lituanos que brillaron en el baloncesto europeo de principios de siglo: Sarunas Jasikevicius, un jovencísimo Arvydas Macijauskas, Ramunas Siskauskas, Donatas Slanina, Ksistof Lavrinovic… allí, en el salón de casa, nos sentamos a ver el partido, con la tensión propia de quien no sabe qué puede ocurrir en caso de ganar…

El partido se saldó por 93-84, y recuerdo muy pocos detalles del mismo. Sí me acuerdo con bastante claridad de la satisfacción generalizada que todo el mundo aficionado a este deporte tenía, tras la consecución de una importantísima medalla de plata, a pesar de la derrota. Era el segundo empujón de los Junior de Oro hacia el éxtasis por conseguir todo lo que vino después… un escalón más que forma parte imprescindible de la Historia de nuestro baloncesto.

Lietuva vs Ispanija, Final del Eurobasket de 2003

Mi hermano y yo vimos juntos aquel partido.

Dos años después nos encontramos el segundo capítulo de esta particular aventura. Nos trasladamos ahora a la tarde del 24 de Septiembre de 2005, a la última semana de un verano por otra parte largo y ya inolvidable por las circunstancias que aquellos que estén leyendo estas líneas y me conozcan personalmente recordarán. Faltaba tan sólo una semana para comenzar nuestro periplo universitario y me encontraba en Madrid con mi familia, en Sagredo, Casildo, el bar del barrio de mis abuelos de toda la vida. Y por la televisión, comenzaban a emitir la semifinal del Eurobasket 2005 que se disputaría entre España y Alemania.

Entonces, España venía de quedar séptima en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 tras su derrota contra Estados Unidos. Alemania presentaba en sus filas a Dirk Nowitzki, y además, que me suenen a bote pronto, Patrik Femerling y Robert Maras. Resultó un partido bonito de ver y muy disputado, al que se llegó a un final igualado. Revisando el partido recordé los pelos de punta que se nos pusieron a todos los presentes con el canastón de Navarro que colocaba el 72-73 a nuestro favor… y el silencio sepulcral que se produjo cuando Nowitzki convirtió la canasta del 74-73 con el que terminó el encuentro.

España vs Alemania. Semifinales del Eurobasket 2005

Mi hermano y yo vimos juntos aquel partido.

Antes de continuar, es necesario hacer una parada, aunque breve, para nombrar el punto de inflexión que se produjo en el deporte español tras la consecución del Mundial de Japón 2006. La canasta que siempre había entrado (o que siempre habíamos fallado), la de la última oportunidad y el último suspiro, la que lanzó Nocioni hacia las dos de la tarde de aquel caluroso viernes 1 de Septiembre de 2006… aquel balón se estrelló contra el muro de todo nuestro esfuerzo y la frustración baloncestística se tornó en éxtasis, en la locura de una victoria absoluta que no tardaría en llegar, dos días después, con la paliza que se llevó Grecia el 3 de Septiembre de 2006.

Poco importó mi suspenso en Microeconomía. La alegría desbordada aquellos días (y la posterior aprobación del examen en la siguiente convocatoria, bien entendu) fueron suficientes para lograr olvidar lo que no dejó de ser, con el paso de los años, una anécdota que le añade solera a este relato.

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El tercer episodio es la culminación del despropósito propagandístico que supuso el Eurobasket 2007, el que se celebró en casa. Mi memoria no tenía presente que antes hubiera habido una campaña semejante para vender la piel del oso sin ni siquiera haber salido a cazar. Pero todo eso forma parte del contexto y me desvío de la historia. La fecha que nos ocupa esta vez es el Domingo, 16 de Septiembre de 2007, cuando muchos de nosotros afrontábamos el tercer año de carrera.

Y de nuevo me hallaba yo en Madrid, por las circunstancias del momento. La capital del Reino, escenario de la final que se disputaría entre Rusia y España. Mi primo, mi hermano y yo (acompañados de Alvarito, a quien mando un fuerte abrazo desde estas sencillas líneas) a las pantallas gigantes puestas en Colón, para ver el partido como si estuviéramos presentes en el pabellón.

Recuerdo afrontar el visionado de aquella final con las vibraciones que guardábamos del espectáculo que se había vivido en el Saitama Super Arena el año anterior. Había dudas, incertidumbre, “ruido” (por la publicidad, la televisión, la prensa…) pero los “nuestros” eran muy “nuestros” como para que fuéramos a ver aquella final con la sensación de que se pudiera perder. El resultado lo recordamos todos, con la jugada en la que Holden corre y corre y corre y se le deja tirar, y mete una canasta que nos quita un oro que por momentos había parecido tan cerca… un último intento de Gasol no fue suficiente y la plata fue nuestra.

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Otra canasta en el último suspiro, otra derrota… y otro partido que mi hermano y yo vimos juntos.

El cuarto episodio tiene lugar la mañana del 24 de Agosto de 2008. El escenario esta vez se traslada a orillas del Mediterráneo, a la cafetería del Hotel El Cid. Debían ser las ocho de la mañana cuando dos hermanos descarados se pusieron a los mandos de aquel enorme televisor. Allí en ese momento no había nadie y por aquello de ser temprano pusimos bajita la tele, tras colocar nuestra bandera de España y de la Eñe. Enfrente Estados Unidos, y la sensación de que por alguna razón se les podía hacer frente.

Yo no recuerdo haber tenido más poder de convocatoria que en aquella ocasión. El ritmo del partido cogió tal intensidad que allí se fueron sumando amigos y conocidos, clientela que en otras circunstancias y dada la hora que era (en torno a las diez de la mañana) habría decidido que ir a tomar el sol a la playa era mucho más útil y satisfactorio. Cuando el partido se convirtió en un baile de triples y mates de unos y otros, en los últimos instantes del último cuarto de una final inolvidable, el bar estaba abarrotado de quienes permanecíamos tan emocionados como un tanto incrédulos.

Y pese a la alegría que por momentos parecía llevarnos en volandas hacia un resultado que habría inmortalizado para siempre al baloncesto español… los últimos minutos decantaron el partido a favor de los americanos. Aíto, con el mismo estilo analista de siempre, diría aquello de que había una distancia física que aún no se había salvado entre ellos y nosotros…

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Mi hermano y yo juntos… nos quedamos otra vez con una derrota en nuestros bolsillos y la mirada perdida frente al televisor.

Hagamos ahora un viaje en el tiempo que nos llevará a resumir en breves líneas nada menos que cinco años de nuestro baloncesto. La consecución, por fin, del Oro en el Eurobasket de 2009, con paliza frente a Serbia (85-62). El fracaso del Mundial de 2010, con sendas derrotas frente a Argentina por el sexto puesto y frente a Serbia en cuartos de final, que se tomó la revancha con un triple final de Teodosic. La repetición sin precedentes del Oro en el Eurobasket de 2011, con victoria frente a Francia. Y la reedición de la final Olímpica de 2008, esta vez con Londres como escenario para otro duelo de altura en los Juegos Olímpicos de 2012.

Nuestra historia llega a su último capítulo. Terminada la ola de Bachilleratos, Carrera, Máster en Marbella y una vez que estoy instalado en Niza para trabajar, me encuentro de nuevo en Madrid de fin de semana. Son las 18h de la tarde de un viernes, 20 de Septiembre de 2013, y contemplo el reloj mientras espero, con mis tíos y mi primo, a que mis padres lleguen a Madrid. A las 21 juega España contra Francia las semifinales del Eurobasket que se está disputando en Eslovenia y hemos quedado para verlo juntos mientras cenamos en El Capricho (no sé si es casualidad o no que en este momento suene en mi ordenador la composición de Korsakov “Capricho Español”… habida cuenta de lo que estoy escribiendo, ya no creo mucho en las casualidades, la verdad)

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Es un episodio que se ha vivido recientemente así que todos recordaremos con bastante detalle la grandísima primera parte y el posterior desinflamiento en la segunda. La llegada a la prórroga… los parroquianos de la taberna no parecieron, pese a todos los esfuerzos que hicimos nosotros, muy interesados en prestar atención al partido hasta los instantes finales (y con instantes finales me refiero a los últimos diez segundos, el todo o nada… otra vez, el eterno último suspiro) En la memoria quedará la llamada de atención de uno de los allí presentes que nos insinuó que no hacía falta “gritar tanto”; y los dos personajes que vieron en nosotros el cielo abierto para poder animar tranquilamente a los nuestros (porque ya se sabe que en España si no se pega patadas a un balón no es deporte y no se tiene derecho de gritar)

No olvido ese último y horrible balón que se le dio a Marc Gasol. Ni esa pelota que se estrella contra el aro, que va a dar a las manos de no sé quién, dando al traste con todas las ilusiones que se habían generado tras la primera parte. Francia vencedora, España cayendo en semis… y mi hermano y yo juntos, viendo otra vez el partido y quedándonos con la cara esa de “hay que jod…

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Diez años de momentos, escenarios y circunstancias distintas con un denominador común: durante todo este tiempo, cada vez que mi hermano y yo hemos visto un enfrentamiento de la Selección Española de Baloncesto, ésta ha perdido, y lo ha hecho, en la mayoría de los casos, en el ultimísimo de los suspiros. Pero pese a todo, la sensación que guardo no es en absoluto de arrepentimiento: hemos disfrutado como enanos de todas esas oportunidades para gritar y pasarlo bien juntos (¡aun en la derrota!) Además, luego vienen los come-come, los análisis, los “anda mira que ir a poner…”, toda una serie de anécdotas en forma de mensajes de móvil, o de guasaps (con la llegada de ese invento del demonio que ya me han conseguido colocar llamado Smartphone) o de llamadas telefónicas sin tener apenas voz por haberse dejado algo más que las cuerdas vocales delante de la televisión.

El final que se merece esta pequeña odisea no es más que un “que nos quiten lo bailao”. Y esperando lo que el verano que viene puede ser el canto del cisne de una generación que ha inundado nuestro baloncesto de momentos de gloria (en palabras de mi padre, a quien me permito en este momento citar) me despido después de casi dos horas peleándome con el teclado de un ordenador que hoy me lo ha puesto bastante más difícil que otros días.

Van Morrison–Days Like This. “When no one steps on my dreams there’ll be days like this…”

Es lunes, 7 de octubre de 2013. Afuera está lloviendo, cae esa fina lluvia tan típica del Mediterráneo en otoño. A pesar de esa dificultad para escribir, lo he conseguido. Aquí termina esta actualización de un blog para el que poco a poco voy encontrando una nueva razón de ser.

29 de septiembre de 2013

La dignidad perdida… ¿y encontrada?

Leía esta tarde en El Mundo el titular de que las asociaciones de víctimas del terrorismo se plantean por primera vez celebrar conjuntamente el homenaje a los fallecidos en los atentados terroristas de Madrid el 11 de Marzo de 2004. Bien, como ocurre con todas las noticias que tienen que ver con aquel infausto atentado, vaya usted a saber en dónde parará la supuesta intención de las distintas asociaciones. Por un lado, prefiero no hacerme ilusiones, pero por otro…

Ya sabemos que hablar del 11-M implica tratar un tema que hace hervir la sangre de muchos. La mía, para empezar. Se trata de uno de los días más impactantes de mi vida, uno de los momentos más tristes que recuerdo, y uno de los recuerdos más lamentables que la historia de mi país me ha proporcionado en lo que llevo de vida. El hecho de ver que las víctimas y los familiares de las mismas no son –o no eran- ni siquiera capaces de celebrar un homenaje conjunto a todos los que murieron ese día no sólo es un reflejo de la triste realidad que a mi modo de entender vive España, sino también un signo de debilidad ciudadana que los políticos actuales –el mayor error posible en las peores circunstancias imaginables- no han dudado en aprovechar desde el primer instante.

Esa división entre las víctimas fue aprovechada para silenciar los atentados, para trasladar la atención a disputas políticas que nos han traído al estado en el que nos encontramos… disputas creadas por quienes ahora y siempre han renunciado a acudir a los homenajes, por quienes decidieron que el Día de las Víctimas del Terrorismo fuera un 27 de Junio mientras que Europa sí consideró el 11 de Marzo lo suficientemente importante para convertirse en el Día Europeo de las Víctimas del Terrorismo, por quienes encubrieron continua y descaradamente a los que no prestaron la más mínima atención a los procedimientos seguidos en la investigación y custodia de las pruebas…

… disputas, en fin, que sólo sirvieron para robarnos un poco más nuestra dignidad como país. Una dignidad más despreciada por el hecho de que ni las Asociaciones de víctimas se podían poner de acuerdo entre ellas. Son –o deberían ser- las asociaciones de víctimas del terrorismo, cuyos miembros son los principales afectados por aquella masacre, las primeras en dar los pasos necesarios para romper las barreras y la ley de silencio que los cargos públicos han impuesto sobre este asunto.

Recuperar una parte de la dignidad que España perdió aquel 11 de Marzo de 2004 dependerá, en mi opinión, de que finalmente el homenaje sea conjunto y la fecha se reserve de forma exclusiva para ese acto público. Y las víctimas descansarán, seguro, un poco más en paz…

Por todo lo que perdimos aquel 11 de Marzo de 2004

… y con esa dignidad recobrada, podremos plantearnos continuar con lo siguiente.

28 de septiembre de 2013

Continuando la puesta a punto: de la juventud, sus virtudes y sus defectos.

El otro día caminaba por la calle mientras me crucé con una pareja que tendría unos sesenta años. Iban hablando de la forma en que los jóvenes tenemos de querer cambiar las cosas que funcionan por el simple hecho de hacer algo distinto. Poco después, mientras esperaba a que un semáforo se pusiera en verde, escuchaba a dos compañeros de trabajo hablar sobre la dificultad que su entorno crea a la hora de cambiar la manera de hacer las cosas.

Tras escuchar las dos opiniones, totalmente encontradas, cada una con sus razones, su acierto y su margen de error, no pude evitar inspirarme para lanzarme a continuar retomando el ritmo del blog.

Quizás se trata de una reflexión algo compleja de entender, a pesar de que voy a intentar hacerlo lo mejor posible… me viene a la mente, además, de forma continua desde que empecé a trabajar (quizás antes no estaba en condiciones de percibirla… pero esa es otra historia) Muchas veces siento como que los entornos en los que la cúpula ejecutiva es más joven el comportamiento de las personas es mucho más dinámico que aquellos círculos en los que los jefazos son eso, jefazos, con un carro de experiencia a sus espaldas.

¿Qué sucede? Que el segundo grupo se comporta, o al menos generalizando la forma en que yo lo percibo, de una forma mucho más encuadrada: hace lo que hace como lo hace, porque sabe que así se hacen las cosas para que todo vaya bien. En cambio, el primero, compuesto según mi pequeño análisis por generaciones más jóvenes, se muestra mucho más abierto a otras posibilidades: sabemos que si se hace así tenemos éxito… ¿pero hasta dónde podríamos llegar si intentamos otro sistema?

Claro que ahí entramos en el terreno del riesgo, la voluntad de correrlo y la capacidad de asumirlo (casi nada, acabo de titular un proyecto de fin de carrera de psicología… o de finanzas… o de muchas cosas, entre ellas y por hablar de lo mío, incluso de la gestión hotelera)

No quiero extenderme demasiado, es una idea difícil de explicar pero muy breve de describir: noto que cada vez que alguien intenta hacer algo nuevo, suele tratarse de gente joven dispuesta a aplicar un nuevo sistema porque cree que una nueva forma de hacer las cosas podría mejorar los resultados. Y en ese instante, alguien con bastante más experiencia presenta su actitud de “todavía te queda mucho por aprender…”, comportamiento conservador totalmente comprensible hasta cierto punto… y el nuevo sistema cae en el olvido con la incógnita del resultado que se habría podido obtener de su aplicación.

Somos jóvenes, y tenemos ideas. Que tal vez sean imposibles de materializar… puede. Que su resultado sea una verdadera incógnita… tal vez. Pero si el que inventó la rueda hubiera hecho caso solamente a quienes le decían que en burro se iba perfectamente a todas partes…

Loquillo–Memoria de jóvenes airados. “Marcamos la diferencia, sin haceros reverencias…”

… claro, que tal vez esta sea la idea equivocada de un joven al que aún le queda mucho que aprender.

25 de septiembre de 2013

Puesta a punto… cómo arrancar lo “inarrancable”

Esta mañana salí a pasear y me senté un instante en uno de los bancos que hay junto al paseo de la playa. Y pensé. Porque la recién terminada visita a Madrid ha dado lugar a eso, a pensar. En mi futuro, el de los que me rodean, mi familia, mis amigos…

Y en mi país. En lo que pasa en España.

Paseando por la Avenida Ciudad de Barcelona, cruzando el paseo de peatones que une la gran Avenida con las entradas a la estación de Atocha, uno ve pasar un montón de coches, camiones, furgonetas, de todo. Y sobre todo, me llama la atención la inmensa cantidad de taxis que hay. Cuando percibo esa pila de taxis me doy cuenta también de lo diferente que son algunas cosas en mi otra ciudad, en Niza. Allí hay muy pocos taxis, y muy caros.

Luego, si giramos la cabeza vemos un inmenso cubo de cristal. El detalle de estar sucio no le quita peso a la única razón que cuenta para mí desde que lo vi ahí plantado; y es que el monumento a los fallecidos en los atentados del 11 de Marzo de 2004 en Madrid parece más bien un homenaje al reciclaje que otra cosa. En fin, que el que lo diseñó debe dormir muy tranquilo y no seré yo quien venga a quitarle su paz, pero esta idea cruza mi cabeza cada vez que veo su creación y lo que pretende evocar. Estas cosas pasan, supongo.

Si continuamos el trayecto cruzamos una mirada con el hotel Mediodía, que tiene un letrero que parece querer llevarme a una época muy anterior. Siempre que lo veo me imagino una noche lluviosa llegando a Madrid en tren y refugiándome en alguna de sus habitaciones… un dos estrellas primo lejano, tal vez ni siquiera, de los lujosos cinco estrellas que se encuentran más lejos en el Paseo del Prado.

Y a través de la calle de Atocha, nos vamos adentrando en el Madrid de la historia. Una ciudad que despierta ahora de su sueño olímpico, ya sea por todos los que estaban deseando lograr la candidatura, ya sea por quienes no la querían ni en pintura. Una capital que lleva por sus venas lo que también está ocurriendo en otros sitios del país. A pesar de ver a la gente en las terrazas, a pesar del bullicio entre las calles y comercios… no, no se respira la atmósfera que otrora inundara según qué ambientes.

La crisis ya se ha ganado por méritos propios un hueco en la historia del siglo XXI. Cada vez que voy a Madrid y escucho a quienes me explican la situación, me pregunto cómo es posible que esto esté durando tanto, sin remedio aparente. Sorprende la velocidad a la que las cosas empeoraron y la exasperante lentitud para que todo vuelva a su cauce. Es como un río que se ha desbordado… una sangría sin remedio.

Y me cabrea pensar que, después de lo vivido en el siglo XX, continuamos escribiendo la historia con tinta de desgracias y desastres.

Pues eso pensaba hoy. Todos hemos cometido errores, a todos se nos ha ido la cabeza alguna vez y hemos perdido el cuidado que deberíamos tener con según qué detalles, en el trabajo, en la vida… que el análisis de la situación lo hacen mejor los expertos en variables macroeconómicas, vale, pero aun así, a pesar de todo… insisto en que todos hemos metido la pata alguna vez y sin embargo no existe mal que no tenga remedio. Mucho, me cuesta mucho creer que no se va a salir de esta.

Y mientras pronuncio en voz baja la frase anterior, me lanzo esa fina autocrítica que me invita a preguntarme “Y si lo ves tan fácil, ¿por qué no vuelves?”. A lo que reacciono encogiéndome de hombros y pensando que hoy tengo más de una razón para responder, mañana…

Bruce Springsteen–The Promise “I followed that dream just like those guys do up on the screen…”

… mañana, ya veremos.

24 de septiembre de 2013

Escribir. Volver a escribir.

Era tarde la noche que, mirando el teléfono, me di cuenta de cuánto tiempo hacía que no me sentaba tranquilamente a escribir. A dejar que la mente se vaya vaciando poco a poco, mientras la hoja (o la pantalla) se llena de palabras que intentan poner orden y equilibrio entre pensamientos y sentimientos.

No deja de resultarme irónico que vuelva a escribir el día en el que un Smartphone llegó por primera vez a mis manos. En algún lugar oí que el sistema operativo de la misión Apolo no tenía más potencia que algunos procesadores de los teléfonos móviles actuales; pensar que tengo entre mis manos un aparato con el que se podría llegar a la luna me resulta gracioso… pero me estoy desviando del tema.

En una ocasión se rieron sin parar en una biblioteca porque decían que golpeaba las teclas con una energía, con una precisión, que parecía que me iba a caer dentro del ordenador… o que iba a romper las teclas de mi portátil. Ni lo uno ni lo otro aunque, volviendo al principio, una de las cosas que suceden cuando uno se concentra demasiado (si es que “demasiado” existe en la terminología utilizada para medir grados de concentración… cosa que dudo) es que parece que se cae dentro, se sumerge sin remedio, prisionero, tal vez, de las frases que le rodean.

Y vuelvo al origen, adonde empezó todo esto de escribir en Internet y sentir que soy importante. O simplemente escribir, sin necesidad de sentirme importante. Quizá porque ver una página en blanco y preguntarme si seré capaz de rellenarla con un texto decente es un desafío que me engancha. Quizá, también, lo hago por no ceñirme irremediablemente al molde de la pasión que despierta en mí mi profesión… y no obsesionarme con dedicarle palabras exclusivamente a la región en la que habito.

Tal vez todo lo anterior es consecuencia directa del huracán de sentimientos despertados por las calles de Madrid este fin de semana. Volviendo a uno de los puntos de origen (que no el Alfa… pero sí tal vez la Beta) se registra la evolución, se miden los cambios, se hace balance.

Por contar una anécdota antes de terminar, en Madrid volví a ver un partido de baloncesto, exactamente dos años después de que España conquistara su segundo Eurobasket. Podría decir que me decepcionó que en mi país sólo se pueda gritar cuando once señores le pegan patadas a un balón… pero hoy, esta noche, estoy en paz con el mundo y no quiero protestar. Ya habrá tiempo de reñir, pero hasta que ese momento llegue… lo único que quiero hacer es escribir.

Y mientras escribo, arranco el motor que comenzó su ralentí cuando el avión me llevaba de vuelta a Niza sobrevolando alguna parte del Mediterráneo en medio de la primera noche otoñal, y el reflejo de la Luna se extendía hasta un desconocido punto del horizonte.

Un horizonte alcanzado tras 500 palabras. 500 palabras escritas para volver a escribir. Y para terminar, una canción para calmar nervios y reposar sensaciones.

Vienna–Billy Joel “But don’t you know that only fools are satisfied?”

Bienvenidos de nuevo.