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19 de mayo de 2011

Y todo esto, ¿para qué?

Era domingo, 15 de mayo. La plataforma Democracia Real Ya había convocado hacía meses una serie de concentraciones a lo largo de la geografía española para ese día. Y la convocatoria surtió efecto; tanto, que varios miles de personas salieron a las plazas de varias ciudades españolas para protestar.

Y una vez fuera, vieron que con un día, con un instante de protesta no iba a ser suficiente, así que en varias ciudades como por ejemplo Madrid, decidieron quedarse y acampar hasta el día de las elecciones. De esta forma mostrarían su rechazo durante una semana entera.

Pero el domingo terminó y con la llegada de la madrugada del lunes llegó el desalojo de los acampados y los 24 detenidos. Las primeras horas de algo aparentemente espontáneo terminaban y lo que se había iniciado comenzaba a tomar forma, una forma que aún sigue moldeándose.

Así que así estamos, con la acampada instalada en lugares como la Puerta del Sol, con la multitud de peticiones que se pueden leer en los carteles, con la multitud de gente que está allí, desde jóvenes hasta jubilados. Protestando y protestando.

Protestando, ¿contra qué? Contra una clase política corrupta (estoy de acuerdo), contra los privilegios de la clase política (estoy de acuerdo), contra los recortes sociales a causa de la crisis (estoy de acuerdo pero si no recortamos, ¿qué hacemos?), contra el control de Internet y la Ley Sinde (estoy de acuerdo) y, por terminar con los ejemplos, contra los banqueros y las medidas que se han utilizado para rescatar a las entidades bancarias. Yo, personalmente, echo de menos alguna iniciativa como impedir la participación de Bildu en las próximas elecciones.

Tanto acatar, Mariano…

Tengo que decir que me identifico con todos aquellos que han ido a acampar protestando contra la Ley Sinde y el control que el Gobierno Socialista quiere establecer en Internet, sonriendo a los artistas que tanto le apoyaron para hacer campaña en 2004. Hay una cosa que Zapatero olvida cuando habla de libertad en ruedas de prensa y entrevistas: es el Presidente que más restricciones ha impuesto a la ciudadanía de los últimos tres que hemos tenido.

Sí, me identifico también contra los que gritan contra una clase política corrupta y cargada de privilegios inmerecidos. Los políticos ganan lo incontable y tienen derecho a pensiones inaceptables. Pero esto viene de antes. Esto, como lo de la crisis, viene de antes.

El problema que arrastramos en España es que antes de las elecciones de 2008, hablar de crisis era mencionar una palabra tabú que te convertía en un votante del Partido Popular, un votante derrotista, cenizo y pesimista. Y, sobre todo, era ser antipatriota. El 20% de paro era evitable cuando a Zapatero se le advertía “que viene el lobo, que viene el lobo”.

España no iba a sufrir la crisis económica… eso decía en 2008.

Zapatero, sufriendo en “Una pregunta para usted”

Según Zapatero, nuestra recuperación económica comenzó en noviembre de 2009.

Zapatero nos mintió, y sigue convencido de que nos hemos creído sus mentiras, como el otro día en la entrevista que le hizo Eva Hache en La Sexta.

Primer minuto y veinte segundos: ¿crisis inesperada, Zapatero?

Libertad Digital resume en 5:39 minutos todo esto.

Para mí, esta #spanishrevolution debería comenzar en la Moncloa, largando a Zapatero y sus ministros a la calle. ¿Qué digo a la calle? Lejos, fuera de este bendito país al que ha traicionado una y otra vez. Y después, trabajemos punto por punto en todo lo demás.

Esperanza Aguirre, la única que se ha atrevido a insinuar por dónde habría que empezar.

La marea comenzada el 15 de mayo seguirá un rumbo que aún no es posible determinar. Pero, ¿para qué sirve? Supongo que habrá que esperar, con paciencia, para ver en qué termina. Hasta entonces, y de momento, seguimos esperando.

Recomiendo leer la crónica de Carlos Rebato sobre la acampada en la Puerta del Sol en ALTI40. Ya hablé de él en febrero, a raíz de la gala de los Goya, y de nuevo le cito porque me parece interesante lo que cuenta, cómo lo cuenta y su conclusión.

23 de marzo de 2011

Nos vamos a Libia.

Mientras escribo estas líneas me entero de que un autobús ha explotado en Jerusalén.

Mientras Japón temblaba como nunca hace dos semanas, los acontecimientos se precipitaron desde entonces en Oriente y ya saben, ahora nos vamos a Libia.

"Espero que Iraq sirva de lección para que nunca más un mundo civilizado ponga  en marcha una guerra preventiva, una guerra por si acaso, una guerra con  excusas, con mentiras, sin razones".
(José Luis Rodríguez Zapatero, en 2004)

La tensión que se vive en Oriente, a modo de ola que se desliza por todo el mundo árabe, no se ha detenido aún. La rebelión de unos ciudadanos sometidos a sus Gobiernos bajo dictaduras criminales no escapa a Occidente… y no está tan lejos como pensamos.

Así que ahora, como la Comunidad Internacional tiene el deber de defender a los ciudadanos de la irresponsabilidad de sus gobernantes, nos vamos a Libia.

“En este contexto quiero referirme a Iraq. Pero ante todo quiero referirme a los miles de víctimas que este conflicto ha originado, a los iraquíes y a los soldados y civiles que allí han perdido la vida. Para ellos y para sus países, nuestra permanente solidaridad. La abrumadora mayoría del pueblo español se manifestó en contra de una guerra. No nos convencieron las razones que esgrimían quienes la promovieron.”
(José Luis Rodríguez Zapatero, discurso en la ONU el 21 de septiembre de 2004)

Lo mismo da que esa misma Comunidad Internacional organizara hace tres años unos Juegos Olímpicos en un país conocido no precisamente por defender y respetar los derechos humanos.

Lo mismo da que Bahrein, de momento, esté abandonada a su suerte mientras su cúpula de gobernantes no duda en utilizar la fuerza contra sus ciudadanos.

Lo mismo dan los otros tantos países donde los ciudadanos son continua y violentamente reprimidos por quienes les gobiernan. Por la fuerza, con las armas, con ríos de sangre de quienes se niegan a aceptar una dictadura. Sin derechos. Sin que esa Comunidad Internacional a la que ahora invocamos haga nada.

“Manifestamos esta opinión en el Parlamento español, en las calles. A gritos, bien alto. Dijimos también que la guerra era mucho más fácil de ganar que la paz. La paz es la tarea. Una tarea que exige más valentía, más determinación y más heroísmo que la guerra. Por eso las tropas españolas regresaron de Iraq.”
(José Luis Rodríguez Zapatero, discurso en la ONU el 21 de septiembre de 2004)

Y ahí tenemos al adalid de las libertades a golpe de prohibición, del pleno empleo con la mayor lista de parados de nuestra historia, y del pacifismo a golpe de misil. Ahí le tenemos pronunciando ese discurso que habla de responsabilidad; hablando sin vergüenza, pensando (¡qué sé yo!) que los españoles somos tontos y hemos olvidado detrás de qué pancartas se manifestaba hace ocho años.

zapatero

Vinimos de Iraq para permanecer en Afganistán y en el Líbano. Muchos soldados españoles han muerto ya en Afganistán y seguro que muchos civiles inocentes han perdido la vida… nadie ha llamado cínico a Zapatero hasta ahora.

Así que nos vamos a Libia, con permiso de su señoría el Presidente (qué poco te queda y qué tranquilos nos vas a dejar cuando te largues) y de sus “amigos”, a quienes les viene que ni pintado el título de una de las obras de Victor Hugo:

Gracias, Zapatero, por el paro y por meternos en otra guerra.

Tienen razón aquellos que señalan que Occidente no debe permanecer quieto ante las injusticias que existen en el mundo. Pero ese argumento se cae cuando Occidente sólo interviene en uno de cada treinta países sometidos a dictaduras injustas.

Me hablaron de guerras, y pensé que era triste.

Me hablaron de guerras justas, y me sentí hipócrita.

El mundo sigue girando y la gente se sigue muriendo sin que hayamos aprendido nada.

Así que ahora nos vamos adonde toca. El resto puede esperar. Nos vamos a Libia.

14 de febrero de 2011

Apareció Guy Fawkes

Ayer leía la crónica de la gala de los Goya que hacía Carlos Rebato en “ALTI40: La guía del geek”. Se trata del relato que una persona normal y corriente hace sobre lo que anoche se vivió en la madrileña Plaza de Oriente: “Crónica de la Operación Goya, historia de un incrédulo

Y mientras leía las palabras escritas por Carlos, en una crónica para enmarcar, me estaba viniendo a la memoria un libro electrónico que leí hace bastante tiempo.

En ese libro (11M: Redes para ganar una guerra) se hace un análisis –bastante sesgado- del comportamiento de la sociedad española entre la jornada de los atentados, el 11 de marzo de 2004, y la posterior jornada de elecciones, el 14 de marzo. Se hace un resumen de lo que ocurrió tras las explosiones, los movimientos llevados a cabo por la prensa, las acciones informativas del Gobierno, en fin, se resume todo más o menos en 112 páginas. Hace también un análisis de las nuevas formas de terrorismo, y se centra en el uso de las tecnologías por parte de los ciudadanos para hacer revoluciones y enfrentarse al poder establecido.

Insiste ese libro, una y otra vez, en la poca capacidad que tuvo –o quiso tener-  el Gobierno de Aznar para asumir el cambio tecnológico y las nuevas vías a través de las cuales la sociedad puede acceder a la información.

Anoche, en la entrada del Teatro Real, se agrupó un montón de gente para protestar contra algunas de las personalidades que allí se congregaron. Lo hicieron junto a la alfombra roja por la que desfiló, entre otros, nuestra Ministra de Cultura Ángeles González-Sinde.

Algunos acudieron respondiendo a la llamada de Anonymous. Otros, tal como relata Carlos, pasaban por allí, algunos comentaban y seguían su camino, otros decidían quedarse y sumarse a los que allí estaban.

Zapatero ganó las elecciones con alabanzas de sociólogos y politólogos que afirmaban lo bien que había comprendido el PSOE el uso de las nuevas tecnologías por parte de los ciudadanos.

Todos esos expertos han caído en su trampa. El uso de las nuevas tecnologías ha permitido a la sociedad unirse, aunque esta vez no se publicarán libros que lleven por título: “Ley Sinde: Redes para derogar una ley injusta”.

El 11-M nos pudrió como nación, nos dividió como sociedad, nos enfrentó como ciudadanos; y esa no fue más que la cosecha que resultó de la semilla sembrada por los mismos medios y por los mismos comunicadores que tan contentos estaban con el “semeseo” y el “blogueo”.

La Ley Sinde, a diferencia de aquellos atentados que nuestros gobernantes decidieron no dejar investigar como Dios manda, nos une como ciudadanos, nos hace fuertes como sociedad y nos renueva como nación: los españoles no somos idiotas y sabemos cuándo quieren coartarnos las libertades en Internet.

El silencio sobre lo ocurrido a la entrada del Teatro Real es bastante abrumador (los diarios hablan de ello más como una anécdota que como un movimiento realmente relevante; en el ránking del día de Bitácoras, a la hora de publicar este artículo, no aparecen más que dos titulares que hagan referencia a ello) Aun así, el hecho de que anoche, y no otro día, aparecieran multitud de Guy Fawkes en la Plaza de Oriente es sorprendentemente simbólico.

Anoche encajaron unas cuantas piezas de un complicado puzzle mental que no sale de mi cabeza desde una inolvidable mañana de jueves. Para todos esos acomodados en la poltrona del poder, teóricos de la sociología expertos en lo que hacemos y dejamos de hacer, liberales, intelectuales, charlatanes y demás individuos que creen saberlo todo acerca de la sociedad y su comportamiento… Para todos ellos: