12 de junio de 2015

Volver a la isla Nublar…

No pudimos esperar más para ir a ver el estreno de Jurassic World. Aquí en Francia se estrenaba dos días antes que en España, y decidimos darle una oportunidad a la reapertura del parque temático que una vez soñó el multimillonario John Hammond.

images

La película se convierte en una oportunidad para revivir el momento en el que vimos abrirse las puertas de Parque Jurásico por primera vez. Y lo hacemos a través de la mampara impoluta de un futurista monorraíl que atraviesa una puerta que esta vez reza “Jurassic World”.

El viaje en ese monorraíl nos obligará a recordar con no poca nostalgia la primera vez que nos asomamos a esa locura de parque que no había reparado en gastos. No hay elección: el gracioso personaje que representaba la cadena de ADN en la película original aparece en una moderna pantalla táctil; un encargado de seguridad osa llevar una camiseta con el logo del antiguo parque, llevándose así la bronca de la directora de Jurassic World; los niños encuentran el antiguo habitáculo donde estaban los jeeps, el merchandising, los prismáticos “que pesan luego son caros”…

… pero en la isla ya nada es igual

Vaya por delante que la película no figura entre mis aspirantes a película del siglo, ni mucho menos creo que esa sea la intención de los directores y productores. Se trata, seguramente, de una película de aventura y ciencia ficción destinada a entretener; dicho esto, entiendo a quienes consideren un poco excesivo ponerse a hacer una reflexión tan profunda como la que me dispongo a realizar a partir de ella.

Resulta que el recuerdo al que nos obliga el film carece de ciertos elementos que ayudaron a construir una aureola en torno a la película original. No es que esto sea excesivamente grave, puesto que ambas películas pueden entenderse por separado. Sin embargo, sí es un problema cuando la intención de la película es darle una continuidad a lo ocurrido en Jurassic Park hace veinte años.

Los personajes son de una planitud extrema y carecen de cualquier desarrollo emocional a lo largo del film. Se producen diálogos un poco absurdos que nada tienen que ver con la película (¿A qué vienen las lágrimas del crío sobre la posible separación de los padres? Yo he venido a ver dinosaurios, no dramas familiares; alguien debía haberle dicho al guionista si estaba a Rolex o a setas)

Los chistes son a menudo forzados, se producen en momentos en que cortan la tensión cuando ésta llega a producirse mínimamente (¿Alguien puede explicarme ese empeño por hacer pasar por estúpido al único pobre encargado de seguridad que tiene las santas narices de llamar a la directora del parque para contarle que, básicamente, se está yendo todo al carajo?)

En cuanto a los dinosaurios, podemos decir que son una maravilla visual. Pero, ¿no lo eran ya en 1993? Estupendo. Ah, que resulta que ahora hay uno más fuerte que el resto, más “inteligente”, que “mata por el simple gusto de matar” (que puede ser, no digo que no, al fin y al cabo es su guion, ¡sus normas!) Pero además, son capaces de ponerse de acuerdo y negociar la Alianza Jurásica: no sé si les habrá gustado la película o no pero me reconocerán que la escena en la que el Tiranosaurio Rex y el Velociraptor se miran como Tom y Jerry firmando una falsa tregua es lo opuesto a lo que nos hemos imaginado alguna vez de críos como escena jurásica.

Me parece que el desarrollo del guion está “estresado” por dos detalles fundamentales: no hemos tenido tiempo de conocer a los personajes humanos y ya estamos viendo dinosaurios por todas partes: en las estanterías, en las tiendas, en las atracciones, por doquier. Dinosaurios, dinosaurios, dinosaurios. Creo que la explicación de cómo se “hacen” los dinosaurios viene con pinzas; aquellos que no vieron la película original son capaces de creerse que se crean gracias a una app del iPhone, vista la explicación de la directora del parque.

En resumen, a pesar de la intención que la publicidad había hecho por presentar la película como un vínculo entre ésta y la original, existen varios elementos como los que he presentado más arriba que las diferencian y que dejan, en mi opinión, en mucho mejor lugar a la película original.Infomania-Jurassic-Park-007

Eché mucho de menos el grupo de muy diferentes personas que visitaba el parque original y que aportaba muy distintos puntos de vista en cada situación. Los chistes me hicieron reír porque uno está relajado pero luego pensé que habría preferido ironías más sutiles. Salí del cine cansado de tanto correr y preguntándome por qué demonios nos ha entrado esa manía de humanizar a las bestias (sí, ya habréis notado que me llegó al alma la escena final del Tiranosaurio y el Velociraptor)

Y nada más. Jurassic World mira demasiado hacia atrás buscando sorprender como en su día lo hizo Jurassic Park. Y la película, floja, con un final más que mediocre, viene a demostrar que no se puede utilizar una receta de peor calidad esperando obtener el mismo resultado.

Apartado para la música de la película

Jurassic World ofrece una banda sonora mediocre con algunos temas interesantes del siempre original Michael Giaccino. Y sin embargo, John Williams aceptó que usaran su tema para la película.

En 1993, en plena era de desarrollo de los efectos visuales, John Williams compuso la que para mí es una de las mejores oberturas de la historia de la música de cine reciente. La cuerda en directo cuando interpreta esta composición pone los pelos de punta porque es de una belleza singular que tal vez aquellos que saben más de música que yo puedan describir con más técnica que pasión.

Williams dedicó su tema principal a los dinosaurios. Porque de esto va esta película: de dinosaurios. Por eso ese tema sonaba cuando veíamos, por primera vez, aquel enorme Brachiosaurus, y sonaba, entre otros momentos, cuando el Tiranosaurio Rex se peleaba con los Velociraptores y el letrero “Cuando los dinosaurios dominaban la Tierra” caía lentamente, removiéndonos el cuerpo de arriba abajo.

Bien, pues por no sé muy bien qué razón, Jurassic World y Michael Giaccino, o éste último con permiso de John Williams, o no sé quién pero alguien en concreto ha decidido que se podía hacer un copia pega. Que yo respeto mucho el copia-pega, musicalmente hablando se ha hecho muchas veces. Pero demonios… que se podía hacer bien. Que se podía dedicar el tema a los dinosaurios igualmente; pero es que Jurassic World se atreve a dedicar la melodía de John Williams para presentar a los dos hermanos jugando en el tren (guau, un tren -¡PERO ES QUE LO QUE YO QUIERO VER SON DINOSAURIOS!-) y para mostrar la enorme piscina del nuevo parque. Genial.

Todo el inigualable talento musical de la película original a la basura. Y con ello, la mayoría de esperanzas de que la película estuviera a la altura.

"Mirad lo que pienso yo de vuestras Alianzas Jurásicas"

Cualquier tiempo pasado…

11 de marzo de 2015

Vuelta a las cloacas

Hay veces en las que afrontar el vacío espacio de una hoja de papel es muy complicado.

Hoy es, era, y será 11 de marzo. Otra vez, como en un maníaco repetir de los acontecimientos, la fecha aparece desafiante en el calendario. Como diciendo “vuestra vida sigue, pero siempre recordaréis el día de hoy”

Tal vez la cercanía en el tiempo de los acontecimientos de París me invite a aceptar el desafío de esta hoja de papel en el día de hoy; desafío rechazado en los últimos años por una agenda más preocupada en asumir la distancia, lo dejado atrás, y los retos de una nueva etapa.

Pero decía que es 11 de marzo. Creo que, de alguna forma, desde aquella mañana a las 7.40, en mi vida no ha dejado de ser 11 de marzo. Unos días más, otros menos; pero siempre, o muy habitualmente, ha habido un hueco entre mi actividad diaria para dedicar un minuto a reflexionar sobre lo ocurrido aquel día. Uno coge todos los días su camino al trabajo con la pereza de esas primeras horas, esperando encontrarse la desgraciada cola antes de entrar; pero no espera encontrarse con una pesadilla de cadáveres por los suelos y trenes por los aires.

El tiempo pasa, perdonando o sin perdonar, ofreciéndonos la oportunidad de adquirir una nueva perspectiva en la visión que tenemos de las cosas. 11 años después, la mirada se detiene en el momento que marcó un antes y un después en la concepción de la política, la democracia, y lo que un vocabulario grandilocuente gustaría en llamar, “los asuntos de Estado”.

11m

Y rebuscando en los rincones de la memoria, esa es la imagen que aparece en primer lugar cuando recuerdo el Jueves, 11 de Marzo de 2004. En ese tren iba gente a trabajar, ahora cubiertas por mantas que tapan en parte las consecuencia de la barbarie; un policía se acerca a los restos; y el amasijo de hierro que antes era un medio de transporte se convierte en un punto de inflexión.

TODOS ÍBAMOS EN ESOS TRENES

11 años después, tengo claro que España se quedó sola  apenas unas horas después de los atentados.

Si tuviera la ocasión de acercarme a algunas de las autoridades protagonistas de aquellos momentos, tengo claro lo que les preguntaría.

A los miembros de entonces del Partido Popular, sentados en torno a su mesa en Génova, les preguntaría por qué no reunieron a los representantes de todas las fuerzas políticas legales que formaban parte del Congreso en ese momento. Un asunto de Estado merece tratarse como un asunto de Estado y no como una simple crisis de Gabinete. Les preguntaría, además, qué les motivó a ofrecer las pesquisas como información veraz; y les preguntaría por qué no convocaron una rueda de prensa urgente para decir “no sabemos lo que está pasando; no podemos decirles lo que está pasando porque nuestras fuentes no nos están informando de forma clara” ¿No había otra forma de hacer las cosas?

A los responsables de entonces del Partido Socialista, sentados en torno a su mesa en Ferraz, les preguntaría por qué aceptaron en el escenario político las palabras de un interlocutor destacado de la banda terrorista. Por qué sí tuvieron en cuenta las palabras en las que Otegi señalaba que no había motivos para asociar al terrorismo abertzale la barbarie del 11-M, y no consideraron las palabras de los responsables del Gobierno. Les preguntaría si a día de hoy pueden reconocer que actuaron con madurez democrática acusando al Gobierno de mentir en la jornada de reflexión de las Elecciones Generales. ¿No había otra forma de hacer las cosas?

A los encargados de recoger las muestras de los trenes, reunidos en su laboratorio, les preguntaría “¿Por qué tanta prisa?”. Les preguntaría por qué les urgió tanto destruir los trenes, lavar las pruebas, limpiar los restos. Toneladas de trenes destruidas para siempre en cuestión de horas; ¿por qué?

A los policías, encargados de custodiar las pruebas recogidas, les preguntaría si a día de hoy pueden reconocer que actuaron con profesionalismo al no mantener la cadena de custodia de pruebas en el traslado de las mismas. ¿Es esa la forma con la que habitualmente se tratan todas las pruebas de los crímenes en España?

A los jueces, encargados de juzgar a los culpables, les preguntaría si están verdaderamente satisfechos con la Sentencia de dichos atentados. Me refiero a la satisfacción, no ya de un profesional que “ha cumplido”, sino a la de un familiar contento con la Sentencia sobre el asesinato de uno de los suyos. ¿Están verdaderamente satisfechos?

La vida de 192 personas, y la de todos los españoles, contó mientras contaba para el resultado de unas elecciones; de igual manera que la vida de las víctimas de ETA y la de todos los españoles, contó mientras contó para el resultado de las elecciones. La casta, que un pedante en forma de falso mesías afirma ser el primero en descubrir, ya existía entonces y así nos dimos cuenta muchos la mañana del 15 de Marzo de 2004. Esa casta pudo haber hecho muchísimo mejor las cosas, pero el resultado de las elecciones importaba demasiado como para que el respeto y la dignidad nacional fueran mantenidas.

192 personas perdieron la vida yendo a trabajar la mañana del 11 de Marzo de 2004. La historia ya se la saben. Esa mañana se descubrieron los bajos fondos, las cloacas y la basura que asoma cuando el poder político alcanza una dimensión tal que el ganar unas elecciones importa más que la vida de la gente. Por eso no hubo reparos en no impedir (antes al contrario, animar y jalear) que la gente saliera a la calle a llamar asesino a su propio Gobierno. Por eso el Gobierno de entonces no pudo mantener las formas democráticas hasta el final.

Todos íbamos en los Cercanías que explotaron el 11-M porque los que no murieron esa mañana han ido ahogándose, lenta y dolorosamente desde entonces, descubriendo que las mentiras valen, si valen para ganar unas elecciones. España se quedó sola, porque sola se queda una nación cuyas autoridades gestionan las crisis para su propio beneficio y no para el de los ciudadanos. Tanto quisieron barrer para casa que al final, once años después, el silencio mediático, institucional y político es absolutamente deleznable. Tal es la vergüenza que en el Bosque de los Ausentes, por dedicar, le han dedicado un árbol a la Verdad. Por cumplir, que no quede.

¿Quieren revivir uno de los más tristes y lamentables episodios de la manipulación a la que España, el pueblo español, se vio sometido aquellos días? Dos frases quedan para el recuerdo, epitafio de un homicidio que no debería repetirse jamás y que, por desgracia, no está lejos de repetirse de nuevo visto el cariz de los últimos acontecimientos.

------------------------------------

“No había ningún signo indiciario, ninguna huella, ninguna traza, que nos hiciera pensar que entre nuestros muertos había terroristas suicidas”

Carmen Baladía, directora del Instituto Anatómico Forense, en una entrevista a Luis del Pino, en Libertad Digital

“Fuentes de la lucha antiterrorista han apuntado a esta cadena de emisoras la posibilidad de que al menos un terrorista suicida se haya inmolado en uno de los trenes”

Iñaki Gabilondo, director de los Informativos de la Cadena SER

------------------------------------

En la distancia te llevo, te guardo y te lloro, España.

5 de noviembre de 2014

Los problemas de España antes del domingo

Estamos a miércoles, 5 de diciembre de 2014, y quedan exactamente 4 días para que veamos lo que finalmente sucede el domingo en Cataluña.

A cuatro días vista, la situación puede resumirse como sigue: el Tribunal Constitucional español ha declarado que los dos formatos de consulta que el Gobierno de Cataluña había propuesto son contrarios a lo establecido en la Constitución y por lo tanto ilegales; por su parte, los partidos separatistas catalanes (y todos aquellos ciudadanos que les votan, les apoyan y les respaldan) ya han dicho que la votación va a llevarse a cabo sí o sí; y mientras tanto, el Gobierno de España aplica en su más estremecedora versión el laissez faire, laissez passer.

Necesitamos entender el funcionamiento de los instrumentos de una democracia

En realidad, una de las cosas que ocurren en España es que no entendemos cómo funcionan los instrumentos de la democracia que tenemos. Es por ello que cuando abrimos cualquier periódico o entramos en cualquier discusión sobre los errores de la democracia española, se lee cualquier barbaridad y aparece la frase “no tenemos democracia” en cuanto uno intenta argumentar por qué una consulta regional, así sin más, no es legal.

Una democracia existe porque existe el derecho a votar; pero además, una democracia existe porque existen una serie de procedimientos de votación destinados a canalizar ese derecho al voto garantizando la seguridad y el rigor de los resultados; y sobre todo, una democracia existe porque existen una serie de instituciones, votadas por los ciudadanos, que se encargan de “emitir leyes”, “ejecutarlas” y “asegurar su cumplimiento”.

Es necesario entender, en mi opinión, que la democracia no es un régimen de libertad absoluta; la democracia no permite hacer lo que queramos cuando queramos sino que pone a nuestra disposición una serie de instrumentos y organismos para que propongamos y, en su caso, se aplique lo que nosotros proponemos si así lo desea la mayoría.

La dificultad de continuar juntos sin la Educación

Entre los grandes errores de la democracia española está el de querer configurarse como una Confederación de Estados para satisfacer los delirios nacionalistas de unos pocos; y el de no dudar en dejar materias que incumben al conjunto del territorio nacional en manos de los gobiernos regionales: como es el caso de las lenguas y sobre todo, la Educación.

La Educación española es un fiasco por dos razones: una, los gobiernos centrales que se han sucedido en el poder desde los años 80 han sido incapaces de ponerse de acuerdo en establecer un plan de educación a largo plazo, con independencia del partido que estuviera en el poder, que garantice la fiabilidad y los resultados de las futuras generaciones; y dos, el problema de un sistema educativo inestable se agrava cuando los gobiernos regionales no respetan artículos básicos de la Constitución de todos y empiezan con las “anécdotas” de enseñar sólo en la lengua regional.

Ya saben, se empieza por enseñar sólo en la lengua regional, y se termina por no mencionar la palabra España en los libros de texto de infantil. Nimiedades.

No es un problema esencialmente político, sino legal

Recuperando una de las ideas de párrafos anteriores, vuelvo sobre las razones por las que una democracia funciona: los actores que participan en ella asumen el marco en el que actúan, aceptan la manera en que deben actuar y acatan las consecuencias de no hacerlo así.

Actualmente España tiene tres problemas fundamentales: uno, el de la crisis económica; dos, el de la corrupción; y tres, el de hacer cumplir con las leyes (que se deriva del segundo)

Bien, el problema no es que se proponga celebrar una consulta regional para votar cualquier cosa. El problema es que nuestras instituciones no pueden garantizar el cumplimiento de las leyes; de la misma forma que no pueden (o hasta ahora no han podido) impedir la corrupción, son incapaces de garantizar la normalidad en el desarrollo de nuestra democracia.

“Que no sea legal no significa que no pueda llevarse a cabo”. Ya sea cuando hablamos de dinero, ya sea cuando hablamos de redibujar fronteras. Y aquí tenemos el resultado.

Pero los anti-demócratas son ellos, que están jugando con la estabilidad del país

Y termino. Hay una acusación que no deja de ser graciosa por parte de los separatistas: y es la de llamar “anti-demócrata” a quien insiste, como el que escribe, en que la votación del domingo no debería tener lugar porque no es legal. También es verdad que en este proceso ha habido insultos para todos los gustos: pobres, vagos, ladrones, fascistas…

Lo que no permite hacer la ley no es legal y por lo tanto no puede hacerse. Por mucho que una mayoría esté de acuerdo en no querer pagar impuestos, por ejemplo. Esa es la diferencia entre vivir en una democracia estable o vivir en un chiringuito en el que mañana los rojos o los grises pueden decidir si se puede salir a la calle o no.

El domingo no se puede ir a votar porque la decisión del territorio español incumbe al conjunto de los ciudadanos españoles. Y eso es así porque hay una Constitución que votamos todos y que dice exactamente eso. Si hay quien, en un delirio de independentismo y necesidad de poder, no tiene la suficiente madurez como para entender las exigencias de una democracia, es una lástima. Pero los anti-demócratas son ellos, no nosotros.

Buen miércoles a todos. Voy a desayunar, que se me enfría el café.

11 de septiembre de 2014

En el ocaso de media vida

Un triple a un minuto y escasos segundos del final ponía el 60-52 en el marcador del Palacio de los Deportes. Y entonces todo se revolvió y se volvió turbo como en una horrible pesadilla.

“Desde las ruinas del palacio que se ha derrumbado, hombre y mujeres observan, cómo las llamas se elevan hacia el cielo. Cuando estas brillan con la más intensa claridad, se ve en el cielo el Wahalla, donde dioses y héroes, reunidos, están sentados según la narración de Waltraute en el primer acto. Las llamas van lamiendo paulatinamente la sala de los dioses.
Cuando estos están cubiertos totalmente por el fuego, cae el telón”
Richard Wagner. Epílogo de “El Ocaso de los Dioses”

Cuando uno tiene la costumbre de sentarse y escribir los embrollos mentales particulares de lo que acaece en su vida personal, se mezcla lo que uno quiere contar con las dudas de si interesa, si se puede contar, si va a tener sentido, y sobre todo, calidad. Bien, cuando uno se sienta a escribir sobre lo ocurrido en un acontecimiento deportivo, a la original mezcla  de sensaciones anterior se añade una más: pero qué coño de importancia le doy yo a un deporte.

España jugaba el Mundial en casa, frente a su público, en el que debería haber sido el canto del cisne de nuestra mejor generación de baloncesto. Había jugadores, había forma y había nivel suficiente para que ese canto pudiera escucharse. Tuvieron lugar muchas sensaciones positivas en los primeros partidos, seguidas de reacciones más bien extrañas con el devenir de los enfrentamientos.

Y hoy, después de tener la primera ventaja a poco de empezar el tercer cuarto con 39-40, pues en el horizonte empezaba a vislumbrarse una realidad: Francia estaba jugando su partido y España no estaba siendo capaz de afrontarlo. “A pocos puntos somos muy vulnerables” le dije el otro día a mi novia. Y cataplás. 52 puntos en 40 minutos de juego.

El descalabro es tan grande como el éxito del equipo francés. No es fácil encontrar calificativos para una noche negra para el baloncesto español como la de hoy.

La importancia de un deporte no es tanto si se gana o si se pierde sino los recuerdos que se guardan en la memoria, la vida que se construye alrededor y las imágenes que pasan a formar parte de nuestro bagaje vital. Un bagaje del que poder tirar cuando en el horizonte de la rutina el color es demasiado gris.

¿Saben? Esta noche no puedo seguir las explicaciones técnicas que me he puesto por la radio. Esta noche pienso que nuestra mejor generación se ha ido de la peor manera posible, teniendo nivel para hacerlo muchísimo mejor; por eso les invito a que hagan un ejercicio de traslación espacio-temporal. No habrá otro Mundial Junior 1999 en el que ganemos a Estados Unidos; no habrá otra plata que sepa tan bien como la de Suecia 2003; no habrá otro momento tan inolvidable como los últimos días de agosto de 2006, que dieron paso al delirio en septiembre cuando nos llevamos el Oro Mundial; no habrá otra ocasión perdida como Madrid 2007; ya veremos cuánto tardamos en volver a vivir lo sucedido la mañana del 24 de agosto de 2008 en la final de las Olimpiadas de Pekin; en 2009 nos llevamos el Oro Europeo, que repetimos con lo que hoy parece facilidad en 2011; y probablemente nunca seamos capaces de volver a tutear a una de las mejores selecciones de Estados Unidos como lo hicimos en 2012.

Ahora piensen dónde estaban y lo que hacían en cada uno de esos instantes. En lo lejos que empiezan a quedar, y en la trayectoria vital que se ha trazado entre cada momento. Hoy, en el Palacio de los Deportes, vimos a la mejor y probablemente más irrepetible generación de baloncestistas de la historia de nuestro deporte entre las llamas, en un Palacio ya en ruinas; les vimos subir y situarse allí arriba donde los héroes de antaño permanecen en la memoria colectiva. Allí en la Leyenda permanecen, y con ellos, todo lo bonito que hemos vivido y que nos han hecho vivir.

 

No es el final de un capítulo. Este, caballeros, es el final del libro. Las tres letras que más miedo daban, apareciendo “cuando los dioses están cubiertos totalmente por el fuego. Cae el telón

Dedicado a la Generación de Oro del Baloncesto Español, y todos los que la hicieron posible.

8 de septiembre de 2014

… y el cambio de ciclo sucedió en Estados Unidos

Diez largos años de dominio Federer – Nadal – Djokovic

El palmarés del Grand Slam de Estados Unidos muestra que durante diez ediciones tres nombres han aparecido siempre en el puesto de campeón o subcampeón: Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic. Dominio incontestable de Federer, con cinco victorias consecutivas, al que Nadal persigue con dos, y al que Djokovic sigue con una victoria compartiendo ese honor con Juan Martín del Potro y Andy Murray.

En el palmarés del All England Club hasta doce ediciones han tenido como protagonista a uno de ellos, con siete victorias no consecutivas de Federer, dos de Nadal, dos de Djokovic y una de Murray.

El palmarés de Roland Garros muestra el absoluto dominio de Nadal, con nueve victorias aunque no consecutivas (dos series, de cuatro y cinco respectivamente), y una victoria de Federer.

Remontando la vista al primer Grand Slam del año, en Australia tenemos una serie de nueve ediciones en las que el finalista o campeón ha sido Federer, Nadal o Djokovic, con la excepción de 2005 en la que la final la disputaron Lleyton Hewitt y Marat Safin, ambos ya retirados, aunque el año anterior, en la edición de 2004, ya apareció Roger Federer erigiéndose campeón por primera vez.

Savia nueva en el tenis mundial

La visión global del palmarés de las últimas diez ediciones de los cuatro principales torneos del circuito mundial de tenis no deja ningún lugar a dudas: durante diez años, cuatro veces al año, tres jugadores se han repartido los principales galones del tenis mundial. En otras palabras, han sido casi cuarenta ediciones en las que el subcampeón o el campeón han sido los mismos, con honrosas aunque muy escasas excepciones.

Parecía que el anuncio de Nadal de no disputar la edición del US Open del 2014 dejaba vía libre a Djokovic para afianzar su número uno Mundial. Sin embargo, las dudas del serbio durante la gira americana no eran una mera casualidad, y Nishikori ha sabido materializar su talento con una merecidísima clasificación para la final; por su parte, Roger Federer parecía volver a brillar con luz propia y su meritoria victoria a cinco sets frente a Monfils para clasificarse a la semifinal parecía abrirle una nueva oportunidad de pasar a la final; oportunidad que Martin Cilic arruinó con una incontestable victoria en tres sets.

Vía libre para Kei Nishikori y Martin Cilic, dos finalistas inéditos en Estados Unidos que llegan guiados por dos entrenadores de gran talento y trayectorias confirmadas (Michael Chang y Goran Ivanisevic, respectivamente). Lo mejor es que la dinastía llega a su fin, a pesar de que aún continúen apareciendo paulatinamente en futuras ediciones. Lo “peor” que puede pasar es que nos podemos divertir mucho si, por fin, la nueva generación comienza a explotar su talento; queda por ver si es tan sólo una aparición efímera o bien el comienzo de una nueva era de dominio.

Aires nuevos en el tenis mundial. Y esta noche tendrá lugar el primer capítulo de esta nueva historia que empezó en el US Open 2014.

31 de agosto de 2014

En el ocaso de agosto

Mientras el último rayo de sol de un inolvidable mes de agosto desaparece detrás de las montañas, observo cómo el horizonte se va oscureciendo lentamente, como un telón que al bajar indica el final de la obra. El final de una maravillosa obra de teatro.

Agostos ha habido y habrá irrepetibles por uno u otro motivo. El verano, el sol, los días que no terminan y las tardes que empezaron de picoteo y terminaron a altas horas viendo amanecer a orillas del Mediterráneo. Que cada uno ha tenido agostos para contar y escribir miles de tomos de aventuras increíbles. Agosto fue el undécimo mes lejos de mi casa, de mi tierra. Fue el mes en que casi, casi dejé de contar hacia atrás para casi, casi empezar a contar hacia adelante. Y como muchas veces es en el medio donde está lo más auténtico, miré hacia atrás para contar 31 y al rato estaba disfrutando de un verano más con mi familia en mi casa.

Agosto se cierra una maravillosa tarde de verano en el segundo día del Mundial de baloncesto. Una mirada atrás me permite añadir a estas líneas la curiosidad de que la España de basket es de los pocos elementos que me unen a mi pasado aquí hace seis años. Y hace cuatro en Benicassim. Y hace ocho en Oviedo. Una mirada atrás que se empaña de la inesperada visita de unos amigos que se dejaron caer (si es que “dejarse caer” es expresión para referirse a 900 kilómetros de carretera) por Niza. De repente nos volvimos a ver tres años después y nos dimos cuenta de que hemos cambiado en muchas cosas pero hay cosas que nunca cambiarán.

Agosto se cierra con un apretón de manos, alguna que otra pérdida de paciencia, una cuenta atrás que está en 12, un beso y una carta a medio terminar, que es esta.

Mañana amanecerá, será septiembre y el futuro aparecerá ante nosotros planteándonos tantos retos como sorpresas. Septiembre traerá el primer viaje a España en doce meses; ahórrense condescendencias y palabras de halagos, ya que sólo aquellos que han experimentado el mismo apego por su tierra y han estado el mismo tiempo sin pisarla pueden hablar con propiedad.

Yo termino este peculiar resumen de mes añadiendo una reflexión: la de que probablemente haya muy pocas cosas más útiles en esta vida que exprimir al máximo las oportunidades que tengamos para disfrutar de los momentos en familia. Para todo lo demás, despertadores y cuentas corrientes, ya tenemos la rutina diaria.

Cae la noche. Termina agosto. Telón.

9 de julio de 2014

Requiem

Las luces se apagan, la habitación se queda a oscuras.
En la oscuridad sólo
queda el silencio.
Y en el silencio, el vacío…

Hay ocasiones que transforman la vida de un hombre. Ocurre con las alegrías y con las tristezas, los momentos que provocan tales sensaciones no generan sin embargo los mismos sentimientos en todas las personas.

Estos días miraba atrás y comprobaba que son los años los que han forjado nuestra amistad, muy por encima de las experiencias, los encuentros y desencuentros que el devenir de los acontecimientos hayan podido producir. En estas circunstancias, sin embargo, me siento insignificante, impotente tal vez, pequeño, y sobre todo breve.

Estas líneas no pretenden ser el idealista canto al Carpe Diem, sino la expresión más sincera de la rabia y la impotencia sentida por quien no ha podido romper la barrera del tiempo y la distancia… ni siquiera por unas horas.

Y si ello no ha sido posible, en gran parte, ha sido por culpa del principal obstáculo: el tiempo. A quien la mitología clásica representa devorando a sus hijos… el único obstáculo que ante un imprevisto es imposible vencer.

Si no queremos hablar de amigos o enemigos, de victorias o de derrotas, y preferimos presentar el tiempo, en su dimensión más general, como un aspecto más de la Vida, el tiempo crea amistades, las une y las mantiene. Si se le abre la puerta, incluso las recupera. Pero también se convierte en una barrera, y mucho más que el dinero o la distancia, obliga a escoger.

Y escoger, como se ha dicho en tantísimas otras ocasiones… es renunciar.

Cuando el drama se produce, cuando la presencia se hace necesaria e imprescindible, y el tiempo no ha cedido ni un segundo de su caprichoso devenir, la mirada se pierde en el horizonte mediterráneo mientras cae la tarde y llega la noche.

Telón. Tinieblas.

Y sin embargo, el amanecer de un nuevo día nos recuerda que las agujas del reloj siguen avanzando y podrán jugar a nuestro favor si no cerramos la puerta con el olvido. El tiempo, protagonista otra vez, nos dejará seguir caminando juntos, creciendo juntos, riendo juntos, llorando juntos, sufriendo juntos… continuar juntos. Hombro con hombro.

Hasta que la Vida tenga a bien entrelazar de nuevo nuestros caminos.

Así sea.

Un abrazo a la familia. Un abrazo a tí, amigo. Que el alma de FJMG descanse en Paz.

29 de abril de 2014

No lo sé, Ted.

CONTIENE POSIBLES SPOILERS

Vi tus primeras andanzas unas semanas antes de despegar por primera vez hacia Niza, aquel verano de 2008 en el que España se proclamó Campeona de Europa de fútbol, Rafa ganó su tercer Roland Garros, Contador ganó el Tour de Francia y la racha se alargaría hasta la plata olímpica de baloncesto lograda por España en Pekín.

Como ves, disfruté de tus primeras andanzas en un momento de cambio, justo antes de aterrizar en el lugar que hoy me acoge con la casualidad de los caprichos del destino.

Conocí a Barney, sus bromas con estilo y su forma de ligar con clase. Conocí a la pareja ideal, encarnada en Marshall y Lily. Conocí además a Robin, esa guapísima chica morena con cuya mirada te tropezaste una noche en el bar del barrio. Y te conocí a tí, conocí a tu personaje y conocí tu personalidad, magníficamente descrita en estos lares.

Desde entonces, terminé la carrera, hice mi máster, hice mis prácticas y comencé a trabajar. Arriesgué y a veces gané y otras perdí, como me seguirá pasando, como a todo el mundo que conozco. Porque todo el mundo que conozco, desde entonces, emprendió proyectos, arriesgó, y a veces ganó y otras perdió. Pero nunca dejé de sentir que avanzaba, muy a pesar de las tristezas o alegrías dejadas en el camino. Igual que siento que los que estaban a mi alrededor han avanzado.

Vi tu último capítulo y no pude dejar de sentir una extraña sensación de vacío. No pude evitar pensar “joder, Ted, todos estos años contándole a tus hijos la historia de cómo conociste a su madre, describiendo las peripecias de tu vida… para terminar volviendo al lugar de origen

Y yo no lo sé, Ted. No puedo saber si todos, en algún oscuro rincón de nuestro corazón, deseamos con todas nuestras fuerzas volver atrás en el tiempo a aquella tarde en la que el sol no debería haberse puesto, a aquella noche en la que el bar no debió cerrar, a aquel viaje cuyo tren llegó a destino demasiado pronto…

Yo no quiero ponerme a hacer una profunda reflexión sobre los personajes de una serie que se trata de una comedia de situación. Yo quería la historia de cómo conociste a la madre de tus hijos y es lo que me contaste. Punto. Desde esa perspectiva, la serie ofreció lo que prometía. Y sin embargo, me queda un regusto amargo, como ese último trago de café sin azúcar que lo endulce. Supongo que esa es la vida, no tener siempre todo lo que esperamos. Pero tus personajes giran en torno a los mismos planteamientos de principio a fin, y tú mismo vuelves al punto de origen después de todo lo vivido.

Pues quizás. Pero es algo que a mí, sinceramente, no me convence.