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26 de noviembre de 2010

Reflexiones económicas

Antes de ayer recibía en mi bandeja de entrada un correo de un lector que me invitaba a compartir sus reflexiones en el blog. Como siempre, gracias, P.

El rescate a Irlanda no ha conseguido ni por asomo tranquilizar al mercado. La bolsa se ha venido abajo otra vez y lo peor de todo es que los tipos de interés a corto y a largo están teniendo alzas cercanas a los 30 puntos básicos. El euro, por los suelos.

Soy consciente de que en muchos casos yo mismo he defendido la necesidad de velar porque el sistema bancario no se viniese abajo, pero al mismo tiempo creo que hay unos límites. El poder del Estado es limitado hasta para eso: lo que no tiene ningún sentido es rescatar a cambio de nada.

Y lo que se está haciendo a nivel europeo es plantear rescates, comprometiendo dinero del contribuyente, sin que el rescatado experimente alguna pérdida, o en la misma línea, sin que los acreedores actuales experimenten pérdidas.

Lo único que podemos hacer por el momento es esperar.

Además, como complemento a sus líneas, adjuntaba un artículo publicado por el consultor Luis Garicano en la bitácora Nada es Gratis. (ya había hablado de Nada es Gratis presentando el blog Looming Leming)

Luis Garicano, en Nada es Gratis: “Reflexiones sobre Irlanda”

11 de noviembre de 2009

Berlín, 20 años después

Estos días se cumple el 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín, la barrera que separaba el mundo occidental del mundo soviético. Una barrera que separó durante mucho tiempo lo que fue el mundo libre de un mundo en el que el espionaje, la manipulación y la represión estaban a la orden del día (Imagen de EFE/Wolfgang Ratty)

Me llegó al e-mail una carta con motivo de este aniversario, que también ha tenido sus ecos en distintos periódicos. Tampoco algunas autoridades políticas han dejado pasar estas fechas sin hacer alguna declaración al respecto, en algunos retratándose (como es el caso de ZP, que iguala el Muro de Berlín con la etapa del Franquismo en España; o de la joven militante del partido Comunista, que insiste en que el comunismo no debe pedir perdón por nada) La copio íntegramente aquí a petición del propio remitente.

Una vez más, gracias por tu colaboración, Pablo:

20 años después

Han pasado 20 años. En aquel frío final de la década de 1980 tuvieron lugar innumerables acontecimientos históricos cuya relevancia, en aquel momento, yo no alcanzaba a comprender. No sería más que con el paso de los años, y a base de estudio, y lectura interesada, cuando fui capaz de asimilar la dimensión de una tragedia como la que concluyó el 9 de noviembre de 1989 en Berlín.

La Historia es una ciencia muy bella y bien haríamos todos en estudiar en profundidad todo cuanto ha sucedido en el pasado, puesto que, a pesar de que como bien apunta Herrman Terchst, por mucho que intentemos evitar lo peor, en ocasiones sucede, es bueno comprender qué elementos nos han llevado a una situación dramática para intentar no repetir el camino.

El siglo XX fue, a nivel histórico, una sucesión de enfrentamientos mayúsculos, una secuencia de guerras, de conflictos cuya dimensión y consecuencias nunca se habían observado... o al menos, no se habían vivido a una escala tan global (La marcha de Napoleón sobre Europa bien podría equipararse, con todos los matices en términos políticos y sociales, con la BlitzKrieg desarrollada por el ejército de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial). Y el siglo XX supuso también la aparición de una serie de regímenes totalitarios que el propio devenir de los tiempos se ha encargado de destrozar (aunque todavía queda trabajo por hacer: léase Cuba, Corea del Norte o Venezuela, entre otros). Eso, y en contra de lo que muchos politicastros venidos a menos intenten vendernos, el deseo de las personas de vivir en libertad, de poder elegir, de poder opinar y de poder criticar.

No quiero convertir estas líneas en un homenaje vacío a las víctimas del Muro de Berlín. Para darle contenido podría hablar de muchas cosas, podría hasta ponerle música (ese maravilloso Wind of Change de Scorpions), pero creo que lo más contundente es trasladar la caída del Muro de Berlín a la situación de la sociedad actual, en España.

Para empezar (y adoptaré un lenguaje más vulgar) porque ese personaje que preside el peor gobierno de cuantos ha tenido nuestro país, Zapatero, ha tenido la osadía de afirmar, en público y sin ningún rubor (la ignorancia es muy atrevida) que la caída del Muro de Berlín fue un proceso pacífico (conviene consultar alguna que otra estadística y leer cualquiera de los informes que los medios han publicado este fin de semana para hacernos conscientes de que pacífico no fue, ni mucho menos, el proceso que condujo a la caída del Muro).

Para seguir, porque en los estados comunistas existía represión policial, espionaje y se combatía la crítica al gobierno con propaganda política. Hoy en España no existe (todavía) represión policial (aunque estamos sumidos en un Estado recaudatorio-confiscatorio en el que los únicos que no pagan, paradójicamente, son los responsables de su funcionamiento: hemos conocido recientemente que todos los miembros del Gobierno son pobres), pero sí existe un potencial espionaje (SITEL) y la crítica al gobierno, aunque todavía no está prohibida, siempre es calificada de injusta por la infravalorada Fdez. de la Vega. Adicionalmente, la propaganda al servicio del gobierno está a la orden del día y la manipulación de las hemerotecas es un hecho (baste comprobar lo que ha sucedido con las afirmaciones de ZP con respecto a la crisis/no crisis).

Recomiendo a tal efecto la lectura de 1984, de Orwell, con el objetivo de constatar que, efectivamente en nuestro país existe una manipulación del pasado con el objetivo de liberar de cargos a los políticos.
La caída del Muro de Berlín, sin embargo, no es un acontecimiento que se pueda falsear (y quiero pensar que Zapatero es ignorante y no un mentiroso compulsivo) porque, desgraciadamente para los retro progres que ocupan el gobierno y sus satélites, existen internet y también libros, ¡¡muchos libros!!, y afortunadamente para nosotros, la información es abundante y coincidente: el estado soviético asesinó a todo aquel que intentó huir y cercenó la libertad del ser humano. Hasta el punto no sólo de impedir su movimiento, sino también de hacer inhabitable su propia patria.

Ese es un delito que, si no ponemos remedio, no tardará en repetirse en España. Hace 20 años, el pueblo fue capaz de derribar el Telón de Acero. Hoy es preciso rendir, igual que hacemos con las víctimas del 11 de marzo, un sentido homenaje a todos los que hicieron posible que el cambio tuviera lugar, a todos los que arriesgaron su vida, a todos los que la perdieron, y a todos los que no se conformaron con una vida gris y carente de libertad, pero subvencionada.

Madrid, 9 de noviembre de 2009

25 de abril de 2009

¿Y ahora, qué?

Ayer recibí un mail de uno de mis lectores, y me pidió que lo colgara aquí si así lo deseaba, guardando eso sí su anonimato. Lo expongo a continuación.

¿Y ahora qué?pleno Hay dos verdades con respecto a la crisis actual: la primera, que es la mayor de cuantas ha conocido el mundo desarrollado desde 1929, y la segunda, que va a ser larga. Muy larga.

El pasado miércoles el FMI publicó su informe de perspectiva global, conocido en el gremio como WEO (World Economic Outlook). Las previsiones de crecimiento contempladas por el organismo hablan de una corrección del PIB mundial (no desaceleración, sino corrección: destrucción de riqueza) del 1,3% en 2009. Unas cifras que encierran una realidad aún más preocupante: que la recuperación no va a llegar en 2010. Al menos, en lo que atañe a las economías desarrolladas (entre las que se cuenta todavía España), que registrarán una contracción cercana al 4% en 2009, y un crecimiento NULO en 2010.

Habrá quien se agarre (cada vez menos) al hecho de que la economía española se va a contraer “sólo” un 3% en este año, y “sólo” un 0,7% en 2010 (siempre según las previsiones del FMI). En comparación con Alemania, desde luego, los datos son alentadores, puesto que la economía germana podría experimentar una caída superior al 5,5% del PIB en el presente ejercicio. Podríamos pensar que, efectivamente, la crisis es ficticia, y que no es para tanto, si Alemania, que supuestamente es el espejo modélico por su disciplina y su competitividad, va a caer con más contundencia que España.

Plantear semejante comparativa sería caer en un error pueril como es fijarse exclusivamente en la superficie de los datos. Si tenemos verdadero interés por conocer cuál es el drama que amenaza a nuestro país, tenemos que mirar otro dato: el paro. Prácticamente todo el consenso de analistas consultados a nivel nacional e internacional coinciden al señalar que la tasa de paro se situará por encima del 19%, y quién sabe si no superará el 20%, durante 2010. ¿Saben cuanto supone frente a los datos de 2008? Un incremento de 11 puntos con respecto a 2007.

En 2007 se inició la crisis financiera, y en aquel entonces, la tasa de paro de España estaba situada en el 8,3%, ¡por debajo de la de Alemania!, aunque por una sola décima. Bien, ¿saben cuál es el incremento previsto para el paro en Alemania? Apenas 2,5 puntos con respecto al registro de partida.
En definitiva, que motivos para el consuelo hay pocos, y por ahora sólo hemos hablado de previsiones.
Y de cifras, muchas cifras.

Ahora pasamos a los datos reales: la destrucción de empleo supera en el último año el MILLÓN TRESCIENTAS MIL PERSONAS. Del tirón. La tasa de paro se sitúa en el 17,4%.

Dadas las implicaciones que esto tiene, es oportuno recordar qué prometió nuestro ínclito presidente Zapatero hace un año, tan sólo un año, en su campaña electoral: EL PLENO EMPLEO. En estos momentos, la cifra de empleados totales en España (que se mide a través de la afiliación a la Seguridad Social) se sitúa en los niveles en los que se encontraba en 2005.

Es decir: EN UN AÑO, HEMOS DESTRUIDO TODO EL CAMINO RECORRIDO EN TRES, DE LA MANO DE UN SEÑOR QUE PROMETIÓ EL PLENO EMPLEO.

Han pasado ya cerca de dos años desde que se inició la crisis en EEUU, y durante este tiempo, las medidas adoptadas por el gobierno socialista han consistido en:

    • Llamar antipatriotas a los que anticipaban que la situación podía empeorar.
    • Enseñarle a la gente que el pesimismo no crea empleo.
    • Y finalmente, aseverar que el paro jamás superaría los 4 millones de personas (siendo justos, esta medida la adoptó el ministro de trabajo y el ya ex ministro de economía; no quiero quitar méritos a nadie).

Ah, perdón, y PROMETER EL PLENO EMPLEO, y diseñar el plan HEZ, es decir, un fondo de inversión en la restauración del centro de nuestras ciudades dotado con 8.000 millones de euros y zzzzzzz… que no ha servido ABSOLUTAMENTE PARA NADA: ZAPATERO ASEGURÓ AL INICIO DE 2009 QUE EL PLAN ESTATAL DE INVERSIÓN LOCAL AMORTIGUARÍA LA DESTRUCCIÓN DE EMPLEO YA A PARTIR DE MARZO.

En el principio fue Bush, y después de Bush, fueron los bancos los responsables de la crisis. ¿Y ahora qué?

Zapatero, ¿quién tiene la culpa de que tengamos una cola del paro como la actual, de que cerca de medio millón de personas ya no tengan ni siquiera la asistencia de la prestación por desempleo? ¿Aznar? ¿La foto de las Azores? ¿El decretazo? ¿Camps, con la trama de corrupción de los trajes?

Zapatero, tú eres el responsable de que España no sólo esté sumida en la mayor crisis económica de su historia, sino que no tenga nada a lo que agarrarse para salir de ella.

¿Vas a subirnos los impuestos, como han hecho los colegas laboristas en Reino Unido, para financiar todos tus excesos, y terminar de destrozar este país? ¿Por qué no dimites, DE UNA PUTA VEZ, y nos dejas en paz, dejas de engañarnos, dejas de esconderte detrás de supuestas políticas sociales?

Zapatero, vete ya. Eres la mayor catástrofe que le ha sucedido a este país sólo superado por la Guerra Civil. Vete ya, y déjanos en paz.

PD: El ministro de trabajo dijo que no superaríamos los 5 millones de parados. Se admiten apuestas.

24 de abril de 2008

Y digo yo:

Hace un año y algo más, un poquito antes de las elecciones, recuerdo las risas que todos nos echamos cuando admitíamos que Solbes le había dado un soberano repaso a Pizarro en el debate que ambas personalidades mantuvieron –el uno en calidad de ministro de Economía y el otro como “número 2” de las listas del Partido Popular en Madrid-. Claro que Solbes era una maravilla de ministro de Economía, que había abrumado a un Pizarro que, aparte de pegar varios patinazos, había pintado un escenario demasiado pesimista.

A lo mejor hay quien cree que la situación de ahora sigue “sin ser para tanto”. 4.010.700 de parados. Oye, de todos modos estamos más cerca de los cuatro que de los cinco millones de personas sin trabajo. Así que en efecto, no debe ser para tanto.

desoirPese a que hoy empiezan a no perdonarle ni tan siquiera sus medios afines (duro el editorial de hoy en El Pais) Zapatero sigue empeñado en desoír a quienes reclaman un cambio en la política de su gobierno. Total, la situación no es tan grave como para replantearse algunas de sus actuaciones.

corbachoY por último, bien está que nuestro Presidente haya decidido mantenerse firme en sus principios (si es que los tiene, por cierto; que Dios nos coja confesados si a estas alturas de la vida tenemos que aferrarnos a los supuestos principios de un político, y más tratándose de este individuo). Lo que ya no es de recibo es que sigan pretendiendo engañarnos, que sigan intentando deformar lo indeformable: muchos meses han podido sostener la situación a base de mensajes tranquilizadores (basados en falsas, muy falsas expectativas respecto a la situación real de nuestra economía) pero ahora ya se les ha acabado el chollo (ya hace unos meses que debería haber ocurrido, pero bueno, más vale  tarde que nunca).

El Gobierno de Zapatero no ha estado cerca, ni por un momento, de acertar con sus medidas económicas. Su incapacidad para afrontar una de las peores situaciones económicas por las que está pasando España debería ser motivo suficiente para que se produjera un cambio en el Ejecutivo. Los parados no son cifras, son personas.

Pero de todos modos, no nos inquietemos. No es para tanto.

12 de marzo de 2009

La carta

Hoy por la mañana al abrir el correo me he encontrado con la carta de un lector muy especial. Refleja, prácticamente palabra por palabra, mis sentimientos desde ayer y explica el vacío existencial que siento desde hace unas horas para acá. Él mismo ha sido quien me ha dado la idea de reproducir íntegramente su carta en mi blog. Muchas gracias, Pablo.

Antes querría agradecer al anónimo que ayer decidió no dejar pasar la jornada del 11 de marzo sin comentar nada respecto a mi entrada en recuerdo y memoria de los atentados. Una jornada donde predominó el silencio institucional, que se contagió a la mayoría de una población que prefiere mirar adelante cuando tiene el recuerdo en las estaciones de tren de la manzana de al lado.

UN PAÍS QUE SE AVERGÜENZA DE SÍ MISMO

"Cinco años son suficientes para olvidar. Vivimos en un mundo absolutamente preocupado por "destapar la felicidad", como reza el último anuncio de una conocida marca de refrescos. Tan absolutamente, y tan demasiado obcecados en lograr esa supuesta felicidad... que nos bastan cinco años para olvidar.
Paso todos los días por la estación de Atocha, junto a un monumento tan feo como el día que pretende recordar. Un día triste, un día horrible, tal vez no para mi, que por aquel entonces estaba a casi 500 km de distancia de la masacre, pero sí para demasiada gente, para una ciudad entera, que tuvo que soportar que unos desconocidos, aún sin identificar, decidiesen entorpecer el curso normal de la vida diaria de unas personas cuyo único crimen fue levantarse para ir a trabajar.

Cinco años son suficientes para olvidar.

El miedo que me da de todo esto es la asimetría. En cinco años nos hemos olvidado de que unos terroristas sin escrúpulos estuvieron a las puertas de nuestra casa decidiendo el destino de cada uno de los que nos levantamos a diario para intentar hacer de este mundo un lugar mejor. En cinco años hemos olvidado.
Sólo así puede interpretarse el absurdo anonimato con el que las instituciones oficiales, llámese Gobierno de España, Casa Real, Ayuntamiento de Madrid o similares, han decidido conmemorar el día más trágico de cuantos puedo recordar en mi vida.

Ya no importa recordar. Ha pasado el suficiente tiempo como para que una crisis económica nos haga preocuparnos de lo que un señor de más de cien años le puede aconsejar a un recién nacido.
Me preocupa la ligereza de quienes no son capaces de respetar la memoria de un día que, de uno u otro modo, nos hizo ver que el mundo es un lugar en el que hace falta algo más. Hace falta algo más que demagogia, palabrería y dinero. Vivimos en un mundo artificial, hecho de un material opaco, similar al del monumento en recuerdo a las víctimas de aquel maldito 11M.

No, ninguno somos lo suficientemente transparentes. El rechazo a la historia y la asimetría en su tratamiento no es más que una señal de vergüenza... simplemente en este caso se trata de rechazar un recuerdo horrible del que todos podríamos haber llegado a ser partícipes.

La estación de Atocha está demasiado cerca como para silenciar un escándalo como el que nuestros supuestos representantes nos han brindado hoy. 192 muertos son para el alcalde de Madrid un minuto de silencio. 192 muertos son para los representantes del PSOE en la Comunidad de Madrid un boicot a Esperanza Aguirre... y son un motivo de ausencia por parte de una cosa que se hace llamar Gobierno y otra que dice ser Oposición... ya no nos acordamos de aquellas horas de incertidumbre. Qué pronto olvidamos, qué gran capacidad de seguir adelante tenemos.

Por qué será que la gente se cansa de escuchar a los políticos por radio y televisión.

No sirve de nada esconder la cabeza debajo de la tierra. Nuestra historia personal está plagada de acontecimientos que en un momento dado desearíamos no haber vivido, en los que desearíamos habernos comportado de otro modo, no haber hecho daño... pero es nuestra historia. Y si no nos esforzamos por aprender, caeremos en los mismos errores, seguiremos enfrentados a nosotros mismos y jamás aceptaremos que, para destapar la felicidad, es preciso reconocer la pertinaz presencia del sufrimiento que es el que verdaderamente nos enseña a vivir.

Avergonzarse y ocultar los momentos duros sólo sirve para sembrar el campo y recoger nuevos tropezones en el futuro. Estamos en un momento en el que, más que nunca, la sociedad busca alguien a quien agarrarse, alguien en quien creer, en quien detectar un mínimo signo de valentía.

No lo hay. Preferimos despejar el balón, tirar millas... y olvidar. En lenguaje vulgar bien podría decirse que preferimos echar balones fuera... pedalea, que algo queda...

Hace cinco años, nos fuimos a la cama queriendo despertar 14 horas antes... por desgracia el mundo siguió girando. Lo que no sabíamos es que lo más triste estaba por llegar.

Hace cinco años, a escasos minutos de mi casa en Madrid, se perpetró un crimen que no debe ser olvidado.
Un país que olvida su historia, es un país que se avergüenza de sí mismo.

Madrid, 11 de marzo de 2009"

No debemos olvidar, y sin embargo, olvidamos cada día un poquito más...