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12 de enero de 2017

Star Wars: despertar y crecer...

(Esta historia contiene detalles de la trama, incluida la de Rogue One: Una Historia de Star Wars)


Fui al cine a ver Rogue One. Al terminar la película tuve dos impresiones contrapuestas.

Por un lado recordé la sensación que tuve al ver el tráiler de El Despertar de la Fuerza poco antes de su estreno. Recuerdo cómo se me pusieron los pelos de punta al ver que los Ala X volaban de nuevo a velocidad de vértigo. Aquel tráiler me devolvió atrás en el tiempo, a aquel irrepetible momento en que fui a ver por primera vez Una Nueva Esperanza, en algún cine de Madrid con mis tíos, con ocasión de la reedición y reestreno de la trilogía original en los 90.


Las expectativas que aquel tráiler despertó en mí fueron muchas, demasiadas cuando me acuerdo de la sensación que me quedó al terminar la película. La película me había gustado porque La Guerra de las Galaxias me gusta en cualquiera de sus versiones; cómics, videojuegos, juegos de mesa, juguetes, bandas sonoras, series, películas. Pero, en sí, me quedó una especie de vacío, una rara sensación mezcla de indiferencia y necesidad de volver a ver la película para encontrar lo que me había perdido.


Así que meses después volví a ver El Despertar de la Fuerza, ajustando las expectativas y olvidando toda posibilidad de que fuera capaz de hacerme sentir lo que las películas originales consiguieron. No enganché con los protagonistas -¿de verdad podemos aprender a manejar el alma sagrada de los Jedi en apenas unos minutos?- no me gustó el Nuevo Yoda -¿de verdad había que poner a un Nuevo Yoda?- la muerte de Han Solo me pareció una frívola salida de pata de banco para uno de los personajes más emblemáticos de la historia del cine de aventuras -¿cómo se puede pillar en tal renuncio a un cazarrecompensas de la talla de Solo?- y el malo tiene cara de adolescente con problemas de conducta -empezamos deteniendo disparos láseres y luego somos incapaces de pelear contra un novato...-

Por otro lado recordaba el cuadro clínico que traía yo cuando me senté a ver el tráiler de Rogue One. Lo hice con la curiosidad de ver cómo retrataba la factoría Disney algo que tantas veces había imaginado de pequeño, ver al Imperio construyendo su arma total y definitiva (y estoy seguro de que no fui el único) Curiosidad aparte, mi maleta de expectativas iba, a consecuencia de lo antes descrito, vacía, incluso después de ver el tráiler.


Quizá por eso disfruté de los últimos tres cuartos de hora de película como un niño. Me gustó, particularmente, el momento en que la película se convierte en un homenaje -buscado o no- a esas películas de guerra que nos narran una misión de infiltración con probabilidades nulas de supervivencia para los protagonistas. Los héroes de esta historia son de carne y hueso -mejor o peor interpretados, mejor o peor desarrollados- y se vuelven tanto más vulnerables cuanto más avanza la película. Después de un principio lento, tedioso y aburrido que no me gustó nada, la película entra en acción. Tanto, que no se salva ni el apuntador -y por fin, varias películas después, los protagonistas vuelven a ser vulnerables-



Creo que es una película divertida, aunque pienso que una hora y media habría sido mucho más que suficiente para contar la historia. Aun así salí del cine reconfortado con un final emocionante y entretenido -me da igual que los protagonistas no pegasen juntos, ya están muertos-. 

Lo irónico del asunto, pensé mientras salía del cine al frío del invierno, es que no sé por dónde van a salir para estirar el chicle de las otras dos películas que faltan para terminar la nueva trilogía. Pienso que tal vez la historia está demasiado estirada. Estoy convencido de que se han querido contar tantos detalles que, algún día, perderemos el interés por conocerlos. La historia original es, y será, la única original. Y como tantas otras sagas de cine, de música, y de cualquier obra de arte, los intentos por prolongarla no suelen salir bien, y cuando se quiere prolongar demasiado, se suele fracasar.


Claro que, entre otras cosas, para eso tenemos los DVD's, ¿no? Podemos disfrutar de aquel espectáculo como si lo estuviéramos viendo por primera vez. La vida se vive hacia adelante, hay cosas, momentos y sensaciones que son irrepetibles, y si no lo olvidamos... la Fuerza estará con nosotros, quizás y pese a todo, para siempre.


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