21 de marzo de 2010

11 de marzo de 2010

9. 11 de marzo de 2010. El juramento.

- Háblame del juramento.

“No es fácil escribir las cosas desde el corazón, Maite. No es fácil escribirlas bien, quiero decir. El corazón late, y de cada latido salen cientos de ideas que se arremolinan en nuestra mente sin ningún orden. Esas ideas son las que sentimos más dentro de nosotros mismos, las más sinceras, las más auténticas, las más puras… y las más difíciles de transmitir.

Algo cambió aquella mañana.

El mensaje de móvil del servicio de noticias que le llegó a Paula nos hizo enterarnos a todos en un primer momento del horror.

“Una bomba de ETA en Atocha. Varios muertos y heridos”

Después teníamos recreo, y las noticias se sucedían a cada cual más trágica. Caras de preocupación, porque de repente la atmósfera de aquella mañana había adquirido un tono dramático. A continuación fuimos a la sala de ordenadores a mirar las informaciones que salían en los periódicos.

No era un coche bomba. No era un atentado más. Sí, todos son igual de tristes, igual de crueles, igual de injustos. Pero esto no era un atentado. Era una pesadilla. Infame. Cruel. Injusta. Terrible.

Ese 11 de marzo ya nada tenía sentido. Sólo valía la pena volver a casa y comprobar que ninguno de mis familiares hubiera sufrido nada. Era absurdo, tal vez, tener miedo de que a alguien de los míos le hubiese ocurrido algo; sin embargo un par de personas que conocía estuvieron a punto de perder a un familiar ese día… así que supongo que teniendo familia en Madrid no sería tan loco volver a casa y alegrarse de que hubiera habido suerte.

Recordar el 11M es revivir la sensación de preguntarse “¿por qué?” a cada segundo. Es la sensación de haber despertado de un largo letargo para darse cuenta de que lo que se vive es peor que el sueño. Es sentir que la pesadilla no es un sueño, es la vida real. Es recordar el día en el que comprendí que el mundo es injusto, pero sigue girando.

Cuando echo la vista atrás, Maite, creo que respecto a los atentados del 11M he dicho muchas cosas, y de ninguna me arrepiento. Al día siguiente, viernes, me desperté como siempre durante aquel curso de primero de bachillerato. Rutina, ducha, desayuno, y a clase. Había alguna bandera de España aderezada con crespones negros en algunas ventanas. Los periódicos reflejaban el horror y mostraban condolencias por las víctimas. No sé cuántos muertos se contaban ya en aquellas horas inmediatamente posteriores a los atentados. Muchos estaban graves y condenados a morir.

Personas que el día anterior se habían levantado para ir a trabajar.

Gente condenada a morir por culpa de unos asesinos.

Recuerdo el pin… recuerdo hasta la ropa que llevé aquel viernes. Una sudadera chulísima, color verde clarito, y vaqueros, unos vaqueros oscuros chulísimos también, y los playeros John Smith que tanto me duraron. Recordar eso… Recuerdo leer un emocionantísimo artículo en basketconfidencial; hasta las canastas lloraron aquellos atentados.

Recuerdo el pin, como te decía antes. Aquel día salí de casa por primera vez con el pin de la bandera de España que había comprado en el viaje de estudios; un pin al que le puse un crespón negro que hice cortando un pequeño trozo de papel coloreado con un rotulador.

Alguno me llamó facha.

192 personas muertas en nuestro país y aún quedaron ganas de darle cuerda a la manivela del “llevas-una-bandera-de-España-y-por-eso-eres-un-facha”. “Esto es España”, pensarán algunos. Maite, aquello fue una locura. Una auténtica locura.

Llegué a casa por la tarde, había que estudiar para un examen el lunes. No, no fui a las manifestaciones. Iba a estar el fin de semana fuera porque teníamos la etapa del Camino de Santiago Salas-Tineo-Pola de Allande, así que había que estudiar esa tarde de viernes. Llovía… Era un examen de economía, tenía los apuntes delante de mí mientras la tele estaba encendida. Aún recuerdo aquellos esquemas, aún recuerdo tratar de prestarles atención mientras en la tele se veían los trenes reventados tras las explosiones. Ventanas y cristales rotos, asientos vacíos. La policía, los bomberos y los médicos haciendo lo que podían.

Y entonces me levanté, cogí un disco de la estantería y seleccioné una canción.

Y mientras intentaba gritar Born in the USA con Bruce Springsteen, trataba de escapar del dolor que sentía por dentro. Por aquel entonces aún no había traducido la letra de esa canción, pero yo sabía que semejante grito tenía que ayudar. Y delante del televisor, me eché a llorar…

Llorar es lo único que se puede hacer cuando ya no se puede hacer nada.

Y mientras lloraba, me preguntaba cómo era posible sentir tanto dolor, cómo era posible semejante barbaridad, cómo era posible que me hubieran llamado fascista aquella misma mañana, cómo eran posibles aquellas cifras de muertos y heridos. Me preguntaba tantas cosas que con cada lágrima que derramé aquella tarde firmé conmigo mismo un juramento ineludible.

Me juré no olvidar jamás lo ocurrido. Me juré recordar cada instante, cada detalle, por pequeño que fuera. Me juré guardar para siempre el recuerdo de la angustia que sentí en aquellos horrorosos días. Me juré que no permitiría que me manipularan como trataron de hacerlo.

“A mí me da igual, a mí sólo me importa que ya no gobierna la derecha”

Traté de hacerme consciente de las 192 vidas humanas que se nos fueron esa mañana. Empaticé con el dolor hasta donde nunca pensé que podría llegar a empatizar.

Y no fui yo quien hizo ese pacto. Fueron las lágrimas rodando por la piel de mi cara las que me hicieron jurar todas esas cosas. Fueron esas lágrimas las que me empujaron a escribir en los días siguientes cosas como “Quien lo haya hecho no merece vivir en paz, quien sea, de ETA o de Al-Qaeda”.

Hoy vuelve a ser jueves, 11 de marzo.

Hoy no todos hemos ido a trabajar. Hay 192 personas que siguen sin saber quién puso fin a su vida indiscriminada e injustamente.

Vuelve a ser 11 de marzo, Maite.

Seis años después… el juramento permanece imborrable en mi memoria.”

7 de marzo de 2010

Trenes.

Domingo, 7 de marzo.

Ya lo colgué en facebook así que tampoco tiene mucho sentido que deje para más tarde lo que puedo publicar ahora en el blog. Un poco antes de tiempo, pero para rendir homenaje a los que ya no están no hace falta que sea un día determinado.

Espero que os guste.

5 de marzo de 2010

¿Por qué darle tanta importancia?

Tras un largo período de sequía sin actualizaciones regreso de mi silencio. No obstante y aunque no haya escrito nada nuevo habréis visto que hay algunos cambios estructurales en el blog. Aún no he terminado la reestructuración pero como podéis observar, podéis acceder a las principales categorías de mis artículos desde las pestañas que se encuentran justo debajo de la imagen principal. Espero que os resulte más cómodo y atractivo.

Estamos en marzo.

Y marzo, que debiera ser un mes de alegría por aquello de que empieza la primavera… marzo es oscuro, sobre todo desde hace seis años.

No voy a responder a la pregunta que da nombre a esta actualización; sería tratar de justificarme, una vez más, y ya lo he hecho en tantas ocasiones que no tendría ningún sentido seguir intentándolo. Pero me gustaría que cada uno reflexionara sobre ella.

Dentro de una semana habrán pasado ya seis años de la masacre terrorista del 11-M. Y cada día que pasa, el 11M es más eso, un par de cifras y una letra. Hablamos del 11M como si fuera un día más de nuestro calendario. “¿Qué día es hoy? 3 de febrero. ¿Y hoy? 11 de marzo.”

Se nos da muy bien olvidar. Creo que eso nos lo han enseñado muy bien todos.

Pero yo, que soy muy cabezota, no olvido.

Y tengo claro que nunca olvidaré.

11 de febrero de 2010

nº 373

Nunca ha sido una opción pero siempre estuvo ahí.

A veces… sólo a veces lo es.

Escribir así mi historia no puede ser bueno. Para nada.

Los hay que suben, los hay que no. Y los hay que no saben dónde están…

Chico, qué pocas ganas de nada…

8 de febrero de 2010

Ricky volvió… y no pasó nada.

(Del hilo del Joventut en el foro de acb.com)

Ey, ya terminó el partido. Mi padre decía que no merecía la pena verlo.

Se equivocaba.

He oído a los comentaristas de la tele decir que el público de Badalona al final ha terminado aplaudiendo una acción de Ricky. Nosotros, los verdinegros, somos los que en su momento más defendimos a Ricky. Cuando aquello del "ay que ver este chico, que no va a llegar a ninguna parte cuando Aíto no le entrene", cuando eso de "ay que ver este chico, si no aprende a tirar no llegará a ninguna parte". A nosotros, los verdinegros, no tienen que darnos en lo que a baloncesto se refiere lección ninguna. Descubrimos las virtudes de Ricky cuando a blaugranas y merengues, especialmente, les costaba un riñón, Dios y ayuda decir algo bueno de él. No, señores. No tienen que darnos lecciones sobre qué jugadores son buenos. Y Ricky, en esto del baloncesto, es un fenómeno.

Pero he visto, además, jugar a nuestro "pequeño" Franch. Qué maravilla, ¿verdad?

Podemos estar horas y horas discutiendo con los clubes de fútbol sobre el mérito y el sentimiento y todas esas cosas. La discusión no tiene sentido: cuando su jugador franquicia, Juan Carlos Navarro, se retire, su sucesor será quién, ¿Lakovic? ¿Mickael? Nosotros, en una tarde, hemos podido ver que Josep Franch va a darnos tardes enteras de alegría y diversión.

Tal vez sea de masocas encontrar orgullo en la derrota de hoy. Pero es que no puedo hacer otra cosa más que pensar en que tenemos recambio para cada uno que se va. Han sido tantas veces las que parecía que nos perdíamos, y de repente, algunos de esos jóvenes aparecía para recordarnos por qué somos de este equipo.

Igual en el baloncesto de hoy ya no hay lugar para el romanticismo. Seguro que no. Pero de vez en cuando soñar con que es posible que sí haya un huequecito, por pequeño que sea, en el que sea más importante el verdinegro del Joventut que el verde del dinero, eso, amigos, no tiene precio, y está al alcance de muy pocos.

Qué rápido se van todos, y qué rápido seguimos encontrando nuevos talentos. Prefiero eso que una vitrina llena de títulos.

Visca la Penya desde Oviedo, y a seguir.

Ricky Rubio sobrevivió en su regreso a Badalona, por mucho que muchos quisieran que hubiese sucedido lo contrario.

Y supongo que eso es lo que queda, ¿no? El orgullo de una caNtera contra el poder de una caRtera, tal y como rezaba una de las pancartas más originales en el Olímpico, el sábado.

5 de febrero de 2010

8. Esas velas…

Galicia...

- El título de esa foto no fue casualidad, ¿verdad?

- Dos velas encendidas, sobre la oscuridad de mi habitación por la noche. No, su título no fue casualidad.

- Y ahora, ¿la vas a publicar?

- Sí, a veces hay que volver la vista atrás para caminar hacia delante con más fuerza.

- ¿Y por qué no esperas a terminar febrero?

- Porque estoy seguro de que todo va a ir bien. Y no sólo para mí.

2 de febrero de 2010

Silencio

Ahora todo el mundo está al borde del abismo, mira hacia abajo

y contempla un infierno lleno de sangre,

ahí están todos esos populares, y socialistas, liberales, intelectuales, y charlatanes…

Otro soldado español ha muerto en Afganistán. Y de repente,

a nadie se le ocurre nada que decir.”

(Parafraseo editado de Rorschach)

Las cosas no van bien.

La superación de los 4 millones de parados desarma las previsiones de nuestro Ministro de Trabajo. Lo importante del retraso de la jubilación hasta los 67 años no es el hecho de los dos años más trabajando, es que no hay dinero para sostener la economía española.

Nuestros políticos, todos, los comunistas, los socialistas, los populares, y los de centro, son una panda de vivecuentos que obtienen la pensión máxima de jubilación con siete años cotizados. Pensemos si este hecho puede darse en un país libre donde sus ciudadanos sean todos iguales ante la ley.

Y ayer se murió un soldado más en Afganistán. Ya nadie grita. No hay voces en la calle. La suavidad anestesiada con la que nos comportamos con este Gobierno me da vergüenza.

Y pena. Muchísima pena.